El libro que todos debemos leer está escrito por un vegabajeño: «El Camino: Desde Cibuco hasta la Antártida» de Vicente Cabán

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

He leído muchos libros en mi vida, algunos los he descartado antes de terminarlos porque no me producen satisfacción. Otros los leo, releo y al pasar del tiempo los vuelvo a leer porque de alguna forma impactaron mi vida. El libro Corazón: Diario de un Niño de Edmundo de Amicis, que mi abuelo Pipo me recomendó cuando era un niño y todos los «viajes» de Julio Verne son mis preferidos. Ambos son ficción basada en ciencia e historia y tal vez por esas referencias de cómo pudieron ser las cosas puedo entender mis preferencia de lecturas.

El libro del vegabajeño Vicente Cabán es una aventura de principio a fin. Es la historia de su vida, con sus reflexiones sobre su familia, su entorno y el mundo que conoció llendo a visitar hasta sus confines. De sus defectos y virtudes, sus sueños, dificultades y logros.

Para mi, es una obra ejemplar para el que quiere saber de Vega Baja y del resto del mundo, porque desde Cibuco, el «hijo del sordo», descendiente del pescador Ramón Cabán Rosario, que todos conocimos y que es un ícono de nuestra historia, viene a colocarse con sus escritos en un lugar prominente de la historia vegabajeña con «El Camino, desde Cibuco a la Antártida» la ultima de varias obras publicadas.

Comienza la historia con su dificultoso nacimiento y accidentada infancia, que a pesar de las limitaciones, le dio las herramientas mentales y físicas para sobrevivir en un mundo a veces hostil por la naturaleza, pero más por la interacción humana. Recoge la tradición oral y testimonios de sus antecesores y la visión de la vida desde una óptica íntima y valorativa.

Cuando por un error viaja a Estados Unidos siendo un jóven, las aventuras en su comunidad se convirtieron en un reto de vida y de sobrevivencia. Si bien encontró, por sus buenas costumbres, su astucia e intuición, gente que lo ayudó, el solo se tuvo que forjar su destino de trabajo, estudio y relaciones humanas. Sufrió limitaciones, pero a través de su vida conoció nuevas fronteras que lo llevaron a viajar, como trotamundo.

Las descripciones son maravillosas. No es un libro fácil de leer a pesar de un estilo de lenguaje sobrio, divertido y apetecible por la multiplicidad de detalles que obliga a ubicarse a uno en algun lugar geográfico, gente diversa y situaciones insospechadas, porque Vicente es un excelente relator. Tan bueno es que cuando describe la gastronomía de los lugares que visitaba, nos imparte hasta el sabor, olor y hasta su gusto de lo que menciona.

La planificación de sus viajes, su gusto por la cultura de los distintos países y sus referencias continuas a su lugar de origen hacen la experiencia de la lectura de este libro una obligatoria para todo vegabajeño. En el encontraremos parte de la historia invisible y nunca contada de los vegabajeños de la costa.

Ser vegabajeño es un sentimiento. Vicente Cabán, al compartir su vida con el resto del mundo, revalida su gentilicio y nos demuestra la grandeza de uno de sus hijos, como lo fue su padre.

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