
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Pensar es la parte activa de la mente. Hay varias maneras de hacerlo. El pensamiento pequeño es apropiado para mucha gente porque da seguridad. Saber menos cosas reduce, empero, el campo de acción. Y el pensamiento grande es una aventurar a veces riesgosa porque no asimilamos mucho de lo que vamos conociendo. Pero algo debemos sumar todos los días a nuestra mente para no quedarnos en un espacio pequeño cuando la vida no es estacionaria, sino dinámica.
Pensemos en lo más grande para la mayor parte de las personas que es Dios. Se dice que con Dios todo, sin Dios nada. Que es aconsejable estar a la sombra del omnipotente. Pero no conocemos a Dios, porque a veces lo tratamos como a un ser humano más. Y presumimos saber mucho de religión, dogmas y misterios, pero la integración con Dios no parece ser nuestra prioridad y mucho menos, nuestra realidad.
Separados o integrados con las cosas espirituales, mentales y materiales, una es la única verdad y es la conexión constante que tenemos con todo. Y podemos hacer magia, en el verdadero sentido en que son los milagros, cuando nuestros pensamientos están balanceados y en armonía con la naturaleza. Buscar profundidad y dejar atrás la superficie nos hace poderosos, sabios y buenos.
Nuestra mente nos permite ir tan cerca o lejos como querramos. Hay un mundo real más allá de la mente, que lo vemos de frente, lo pensamos, que a veces lo sabemos o lo sospechamos, pero no lo alcanzamos porque estamos llenos de otras ideas que nos perjudican o nos atrasan esa búsqueda. En estos días de vida espiritual el ambiente es propicio para descubrir nuevos caminos para percibir las cosas mejores y cercanas que nos van a beneficiar cuando las encontremos.
