
Por Luis Arnaldo Rivera Torres
«El mal agradecido político no tiene remedio». ¿o sí? Recuerdo vividamente el absurdo «default» que llevó a Marcos Cruz Molina a ocupar el puesto de alcalde de Vega Baja. Aquellos que no recuerden la cadena de eventos que desembocaron en este error garrafal, por favor vuelvan a la historia.
Si tomamos en consideración la trayectoria inicial del alcalde vegabajeño, «un calificado apático social», anunciando candidatos desde tribunas, de entrada nunca fue, ni ha sido el candidato idóneo para ningún puesto ni partido politico, digo yo, es ese insufrible, «algo así como un calco de Rafael Tatito el Trabuco Hernández», ambos personajes ensimismados. Un par de «distinguidos infamosos» ante la opinión pública generalizada, mucho menos resultan ser poseedores de una conciencia social o agradecimiento, o por escuchar al Pueblo de manera ecuánime y sosegada toda vez sus candidaturas y triunfos se hicieron realidad.
En lo relativo a Marcos Cruz Molina, sin haberme limitado en apreciaciones externas del pasado relativo y presente, en términos de conocimiento político, solo el alcalde amigo de su «mentao Pancho Jorqueta», repitió lo qué de otros escuchaba, y con eso y tan poco conquistó al mismo electorado que hoy valientemente y por el bienestar familiar y del común comienza aplastantemente a pasarle factura por su manifiesta mediocridad en el ejercicio de sus nulas obligaciones para con Vega Baja.
Es un hecho, simpatía y afabilidad nunca han sido sus virtudes, aunque el mismo lo maquille a su discreción y conveniencia. Su comienzo y su vigencia cómo administrador de la cosa publica, evidentemente no es su fuerte, más bien su arrogancia y desconfianza son su mejor carta de presentacion. Esa ignorante y entronizada desconfianza qué plasmó desde su primer día, esa qué le llevó a rechazar y medir con la misma vara a todo empleado municipal, a servidor de empresa privada y a personas que no compartieran su visión política y/o ideal, llegando a los extremos de humillar a quiénes bien le sirvieron.
Hoy, arrepentidas personas que reflexionaron en aquellas mentiras de un alcalde que a «boca de jarro», ufanado con insistencia, decía ser, «un alcalde para todos», esto, cuando su prepotencia arrogancia y altanería no sobrepasaban su igualmente desmedido ego. Quizás pensó Marcos Cruz Molina que sería visto por su Pueblo como un Luis Meléndez Cano, o ser vitoreado por «secula seculorum», hasta rabiar, tal como sucedió con Edgar Santana en su primera victoria.
Como expresé al principio de este escrito y desde un principio, se le olvidó al alcalde qué es un «default», que su falta de organización y conocimiento sobre las prioridades de su gente, no son aceptables ni paralelas, tampoco se atemperan a los tiempos que requieren de un lider político compromiso y seriedad.
Responsabilidad y la palabra empeñada como valor añadido, debe ser la meta con el Pueblo, es el ulterior esfuerzo lo que hará se alcance el objetivo deseado. Hoy, el «alcalde por accidente», a la par de su intransigencia, desquita su ira, su solidaria culpa con quienes una vez le apoyaron. La inminente y agria derrota se cierne sobre sí, esa derrota que comienza a paladear de manos de una vegabajeña «proba», de la mano con el total apoyo de un Pueblo conciente y cansado de solamente » baraja, botella y la fiesta», como sí se tratara de un «circo romano».
Y mencioné, una vegabajeña «proba» en todas las facetas, familiares, profesionales y más que eso, humanas.
Vega Baja, las cartas están sobre la mesa, para quiénes a estas alturas tengan dudas de lo antes escrito. Y como en las oportunidades que ha tenido en los tribunales habrá dicho la Lcda. Madeline Riestra Pichardo, próxima alcaldesa electa de Vega Baja en el 2024, una cita clásica en ley: «ahí tienen la evidencia que habla por sí sola», frase que aplica tomando en consideración con la efervecencia qué plausiblemente ella es recibida, a manos batientes y de brazos abiertos en todos los hogares y recintos públicos y privados en los cuáles hace acto de presencia. durante sus continuos, incansables e incesantes conversatorios con su Pueblo, con su gente.
En efecto, !el mal agradecido politico, sí tiene remedio! Y es su expulsión mediante el sufragio.
Continuaremos…
