
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez | thomasjimmyrosario@yahoo.com
La celebración de los días de año viejo y año nuevo son una oportunidad para la renovación que parte de una razón trivial, de ninguna o poca importancia para el mundo. Lo importante, desde luego, es la renovación que hacemos de nuestro ser en muchos aspectos y que nos ayuda a alivianar la carga de la vida.
En el aspecto espiritual, nuestra religión cultural nos motiva cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador personal y nos encaminamos a una vida conforme a los dogmas de la secta o de la iglesia de nuestra preferencia. El Nuevo Testamento, en el libro segundo de Corintios, capítulo 5, verso 17 lee: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
En el aspecto material, particularmente económico, la Ley Federal de Quiebras permite hacer con las deudas lo mismo que hace la religión para el alma. En los capítulos de la ley hay distintas maneras de reorganizar la economía personal o de obtener un plan de pagos y eventualmente eliminar algunas o todas las obligaciones personales.
El perdón es la base de ambas situaciones. Eso es una cualidad esencial del ser humano que tiene que ejercerla constantemente, siempre que pueda, para dejar pasar la compasividad que es amor y vaciar nuestra carga de ansiedades, temores y conflictos.
El año nuevo es una nueva y buena oportunidad que se nos presenta para renovarnos. Aprovechémosla, pues le vamos a hacer mucho bien al mundo y a nosostros mismos.
