60 segundos para reflexionar: Cremación

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

La disposición de una persona que pasa por la transición es un asunto personal y familiar. En nuestro pueblo está la opción de luego del embalsamamiento, colocar el cuerpo en un hoyo cavando una sepultura o poner el cuerpo en un mausoleo ó la cremación. Ambas requieren permisos y tiempo para trabajar el cadáver.

La cremación no se realiza en Vega Baja. Ni se permite la idea romántica de integrar las cenizas en la naturaleza libremente como se cree. Pero mi propósito no es llegar a los aspectos legales sino pensar en el momento de la muerte o como algunos preferimos llamar como la transición.

La decisión de escoger conservar el cadáver embalsamado o cremarlo puede ser dura para los sobrevivientes. Pero la realidad es que el cementerio está lleno de cuerpos corruptos por el tiempo y cuya descomposición es un proceso químico y físico que en ocasiones dura más que la vida misma de sus parientes dolientes y queridos. Es en sí una carga que no se podrá sostener en lo que le queda de vida a sus hijos y familiares cercanos y la realidad es que las nuevas generaciones usualmente ya no realizan el culto de la peregrinación al lugar de depósito de sus familiares ni siquiera en los días tradicionales como de madres ó de muertos.

A la muerte, el cuerpo se demagnetiza y vuelve a los elementos originales. No hay semejanza del cuerpo que se tuvo con el resultado final de los dos procesos. En la sepultura de los restos, ese proceso es lento; la cremación es rápida.

Tanto conservar el cadáver como cremarlo son tradiciones funerarias culturales. En Vega Baja antes era una rareza y hasta condenable por fundamentos morales y religiosos y figuradamente se prefería la descomposición natural a la aceleración mediante altas temperaturas de calor.

La cremación es un proceso más rápido e higiénico para la humanidad. Permite también que se reduzcan los espacios destinados a la conservación de los restos del ser humano cuando termina su vida física y se integra a la superficie de donde se originó, cumpliéndose la máxima bíblica del origen físico y retorno del ser humano a la tierra de donde salió. También, no se depende de la materia para recordar a nuestros seres queridos, pues se ubican esas memorias en la mente, la conciencia y el corazón de sus deudos.

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