
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Los partidos políticos en el pasado nos mostraban caminos uniformes por los que sus seguidores luchábamos, especialmente en el aspecto del futuro en nuestra relación o no relación con Estados Unidos de América.
En la historia puertorriqueña ha existido una sucesión de movimientos y colectividades que supuestamente defendían y defienden el ideal primero que todo, pero solo todos hemos quedado decepcionados con las actuaciones de los líderes, que han abandonado, por la conveniencia de su propia permanencia en cargos públicos.
Todo este pasado de los partidos políticos ha causado que haya una desvalorización de pertenecer a una colectividad definitiva por vida, por herencia lealtad ciega, como se hacía antes por los electores y las familias puertorriqueñas. Cada día los cambios de partido o dejar los partidos políticos se hace como parte de la independencia del elector. Se mira más la calidad de un candidato nuevo que uno experimentado al que se presume mentiroso, malamañoso o corrupto.
Lo que es contrario a eso, es que el factor de cambio ya no son los líderes que ganan, sino el pueblo que los elige. El poder del voto es tan determinante, que puede cambiar el destino de un pueblo.
Actualmente Vega Baja es un municipio mal administrado donde se hacen algunas cosas buenas pero se dejan de hacer otras mejores. El presidente del partido de gobierno local ha sido descuidado también con las finanzas de su campaña y está teniendo que pagar las consecuencias, devolviendo dinero y pagando multas por su inconsistencia. Unos dicen que han sido actos fríos, bien pensados para no dar cuentas claras de actuaciones incorrectas que está haciendo desde su primer cuatrenio en que fue elegido.
También en su manera de administrar las finanzas de su pueblo, ha dejado muchas obras inconclusas, ha cometido errores que le han costado gastos adicionales al caudal y ha dejado perder mucho dinero que pudo traducirse en beneficio para nuestros ciudadanos porque no presentó a tiempo las propuestas correspondientes. Tiene un gobierno municipal de claques y preferencias que nada tiene de popular ni de democrático para los ciudadanos vegabajeños.
¿Qué podemos hacer cuando nosotros y no los líderes somos los agentes de cambio?
Los candidatos de los partidos llegan a serlo cuando pasan la etapa de la selección dentro de su partido. Cuando se presentan solos, sin rivales que los reten, dan la impresión de que no hay más nadie idóneo para ejercer el cargo. Sin embargo, el 99% de los alcaldes vegabajeños no han fallecido mientras son incumbentes, lo que significa que el publo los obligó a retirarse, perdieron unas primarias o fueron derrotados.
Su desaparición del panorama local ha surgido cuando ha aparecido una persona que puede tener la capacidad de sustituirlo, casi nunca antes. Y por la imposibilidad aun de elegirlo bajo el sistema de candidatura independientemente, como al «Negro» Santos de Cabo Rojo, que es una excepción a la regla, hay que hacerlo dentro del mecanismo legal de una primaria por el cual se postulan los que tienen interés en un cargo público como el de ser alcalde.
El ciudadano agente de cambio ya no tiene que ser fiel a un partido, sino optar por votar por el candidato que mejor puede servirle a su pueblo. Y puede votar en las primarias del partido del candidato a quien se quiera favorecer desde un principio para hacer posible que llegue a ser el candidato que se quiera favorecer en la elección general. Si los partidos no han sido respetuosos ni fieles a los electores de su partido, ¿porqué tenemos que ser fieles a esos partidos y no a los líderes particulares que mejor nos hacen sentir confiados de que serán mejores en su desempeño?
Se ha determinado legalmente que sólo se puede votar en una primaria de un partido por evento electoral. Y antes de recibir la papeleta o acceso a la máquina de votacion, pueden pedirle que uno acepte que es de ese partido, compromiso insustancial y de poca duración, porque uno puede decidir, después de votar por su candidato particular, que hasta ahí llegó su relación con ese partido. Se cumple y se respeta su determinación de por quien votó, nadie puede impedirlo y su voto cuenta para todos los fines, con igual valor que el más ferviente seguidor. No hay nada más moral que votar libremente por quien uno cree que es mejor.
Debemos considerar la asistencia a primaria como la mejor opción de voto. No hacerlo únicamente cuando ya no haya remedio en una elección general donde otros ya han elegido a los candidatos que aparecerán en la papeleta. La democracia es sabia cuando permite que eso pueda ser posible por el derecho constitucional de asociarse o no asociarse en causas ideológicas.
Recordemos lo que ya se ha establecido, que el agente de cambio es el elector, nunca el que se presenta para ser escogido entre otros, por lo que mientras más temprano ejercitemos nuestras preferencias, mejor será el resultado para el pueblo.
