Actualidad Política: La falla más evidente del alcalde de Vega Baja

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Marcos Cruz Molina, alcalde de Vega Baja, tiene el problema de fallar en transmitir la verdad. Eso no ha sido siempre, solo es una actitud de los últimos tiempos, basado en el criterio de la percepción. El sabe que la percepción es un arma política y quiere crear la impresión de abundancia donde no la hay y de escasez donde hay más posibilidades de lograr las cosas. Además, quiere atribuirse los logros aunque no le correspondan y atribuir los fracasos a la otredad.

Uno de los problemas que tiene es el de identificar los fondos que no genera el municipio con los que se hacen las cosas. Nunca dice que muchas de las cosas que se logran vienen de fondos estatales -a menos que quiera dar publicidad a sus representantes y senadores distritales- ni de fondos federales. Sin embargo, más de los beneficios que se reciben por los vegabajeños y el gobierno municipal provienen del gobierno estatal y el federal. Si hay alguna obra que se va a hacer o se ha hecho, no se han utilizado fondos municipales, extensamente comprometidos ya con el pago de empleados y otros gastos generales.

Marcos Cruz, por su orígen personal y educativo, no entiende el concepto de generación de riquezas, por lo que no tiene la capacidad para forjar un futuro promisorio de progreso para Vega Baja. El cree más en el estado de manutención y dádivas del gobierno a los ciudadanos, porque electoralmente es más productivo en votos. Eso es bueno porque hay muchos menesterosos en nuestro Vega Baja que hay que atender, pero a la larga, esos fondos se acaban, no son recurrentes y hay que producir más cada vez, con el aumento de los costos de la vida.

Creo que esta actitud comenzó en los eventos de los huracanes Irma y María, donde repartía comidas hechas y por hacer y hacía su participación histriónica de decir cómo se iba a calentar la comida con los medios que traían las raciones para calentarlas. Quiso en aquella ocasión dar la impresión de que incluso era un refugiado porque perdió su casa, pero gozaba personalmente de los beneficios de albergue, comida y transportación gratuita mientras otros sufrían los efectos de la falta de energía y otras limitaciones. Como «refugiado» realizó unos escritos que le publicamos en el Diario Vegabajeño, pero que fueron refutados inteligentemente por un legislador del Partido Nuevo Progresista que le obligó moralmente a suspender la publicación de los mismos.

Antes era prudente para lograr las cosas, consultaba, estudiaba y el producto de sus proyectos estaba enriquecido por la participación de los demás. Hoy día eso ha desaparecido, sus obras son producto de la obliteración de la participación ciudadana, el torpe criterio insuficiente, un lamento por lo que los demás hacen y mucha burundanga para ocultar sus fallas y crear otra impresión a los ciudadanos. Lo peor es que no explica cuando falla o es insuficiente.

No hay duda que ha manejado la percepción hasta cierto grado de forma positiva para él y que hay algunos que por buena fe, ignorancia o conveniencia lo apoyan. Pero las preguntas de los ciudadanos, las dudas no explicadas y las manifestaciones de inconformidad que aparecen en las redes sociales son abrumadoras, pues indican que algo anda mal en la administración municipal de Vega Baja. Eso significa que la percepción ya no es como el alcalde y sus acólitos la proyectan y que ese método de presentar las cosas está quebrado.

Eso se convierte en la falla más evidente de Marcos Cruz Molina, en su función como alcalde de Vega Baja.

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