
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La historia nos muestra varias instancias donde el gobierno municipal en su servicio de cementerios le ha fallado al pueblo. Originalmente, los muertos de raza blanca y católicos se sembraban alrededor y dentro del templo de Nuestra Señora del Rosario. Los de otras razas ocupaban espacios en terrenos de sus comunidades ante la imposibilidad de transportarlos a un lugar uniforme.
El primer cementerio público, solventado por el gobierno municipal se estableció a principios de siglo en el sector de Alto de Cuba, pero por su mala ubicación se mudó al oeste de ese lugar. Aun quedan vestigios de aquellas tumbas en los solares de los vecinos. Desde entonces se han creado extensiones, otras ubicaciones y hasta cementerios privados. Algunos vegabajeños se han enterrado en los cementerios nacionales de veteranos, tumbas comunes fuera de Puerto Rico donde hubo guerra o cerca de los lugares de residencia al momento de su fallecimiento. En Vega Baja hay tres cementerios municipales que son el histórico, el «nuevo» y el mausoleo de Ojo de Agua.
Los eventos naturales han hecho su daño a cada uno de ellos, pero el ser humano, tan diversificado en su arte de hacer mal, ha participado en actos religiosos, familiares y hasta de delincuencia particular e institucional en el trato de nuestros muertos. La ausencia de controles de seguridad ha tenido su razón de ser en desapariciones de cadáveres, extracción de partes del cuerpo, robo de ataúdes de alto valor económico y prácticas ilegales con las tumbas.
Bajo esta administración, en estos días se hace mucha publicidad sobre el mantenimiento acelerado que se está dando a la apariencia de un descuido de muchos años. Obviamente, es año de política y el alcalde es uno de los candidatos que se presentan para unas primarias por vez primera en el Partido Popular y unas elecciones con rivales de consideración. Pero el alcalde enfrenta unos problemas importantes en el manejo de los cementerios, donde por la mucha improvisación, no se siguen las reglas de sanidad ni de protección a los empleados y al público en el manejo de cadáveres y tumbas.
Según una fuente funeraria y otra del Departamento de Salud, los cementerios de Vega Baja no tienen empleados certificados y calificados para el manejo de de cadáveres y tumbas. Dependen para hacer su trabajo de una funeraria privada para los casos de esa funeraria, pero no de los demás casos.
Para proteger la salud de los que trabajan con cadáveres, hay dispuestos unos términos de tiempo en los que los cadáveres ya sepultados o depositados no pueden ser exhumados. Sin embargo este término se ha acortado libremente por el gobierno municipal para responder a la demanda de tumbas, especialmente por personas que no tienen recursos para enterrar sus familiares fallecidos, incursionando en tumbas ya asignadas para lo que se necesita autorización de los familiares del difunto previo y un proceso de notificación y aceptación que no se cumple. Se trabaja con remanentes de cadáveres sin la protección de seguridad adecuada porque el Gobierno Municipal no la provee ni se gestionan los permisos de exhumación y traslados de cadáveres como lo dispone la ley.
Se dice que una abogada asesora del Gobierno Municipal que obtuvo conocimiento de las prácticas ilegales previno de que eso no se puede hacer pero fue ubicada lejos de la rama ejecutiva, en la Legislatura Municipal, por ser muy recta en el cumplimiento de la ley. La justificación del alcalde y el administrador es que eso que se hace es un «arreglo interno», pero en realidad significa separarse del cumplimiento legal y afectar la confianza de los ciudadanos en la protección de las personas que pasan por la transición.
El mantenimiento de los alrededores es también muy pobre en su ejecución. Al extremo, de que se dieron cuenta el pasado Día de los Muertos en que la gente acostumbra a visitar tumbas que el pasto estaba alto y le ordenaron a los empleados que ese día, trabajaran en esa tarea para que se viera como que se daba un mantenimiento que no se hace por itinerario, porque no tienen el personal ni la supervisión adecuada de los obreros, sino por necesidad de mejorar la apariencia.
Pronto regresaremos a este tema, porque hay mucha más información que hemos recopilado sobre el particular.
