
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Se supone que vivimos en una sociedad democrática. Por definición, democracia en una forma de sociedad que reconoce y respeta como valores esenciales la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Distintos países han creado su propia versión de lo que es democracia y hasta se dice que la democracia es relativa, dependiendo de las ejecutorias en que se ejerza. De hecho, en su tan controlado país, Fidel Castro decía que en Cuba era donde más democracia había. En Estados Unidos la democracia de elegir a un presidente, depende de la cantidad de votos electorales que se logren y nunca de la cantidad de votos que se ejerzan por los ciudadanos. Así como en el amor hay tantas definiciones según Sylvia Rexach, también las hay en la democracia.
En el mundo no hay una democracia funcional perfecta. Mucha teoría, justificaciones, pero al fin y al cabo, ésta a veces se reparte a favor de los grupos dominantes de la sociedad y crea desigualdades. Y esto no tiene que ver si un sistema de gobierno es mejor o peor que otro, es el que nuestros políticos escogieron para elegir a los gobernantes y participar del gobierno y crear los sistemas de servicios públicos. Eso tampoco es permanente, pues continuamente se cambian las reglas de participación mediante legislación, jurisprudencia (decisiones judiciales) reglamentación y procedimientos.
Tenemos la creencia de que como pertenecemos por imposición a un país democrático como Estados Unidos, se nos ha pegado la democracia como si fuera una herencia o un virus. Pero si la nación impuesta no es completamente democrática o tiene variantes de desigualdad, éstas afectan la participación ciudadana en la colonia y eso es lo que vivimos de día a día.
El gobierno municipal supone ser la representación del pueblo. Pero realmente, ¿son sus dos ramas, la ejecutiva y la legislativa, efectivamente democráticas? Yo creo que no, pero no es por los medios que han sido creadas, sino por actitudes de los que hemos elegido para representarnos, especialmente los titulares con poder.
Tomemos por ejemplo la rama ejecutiva, que en este momento administra el educador Marcos Cruz Molina. De su mente y de su voluntad surge toda la integración de personas que le asisten a él para dar servicio a los ciudadanos. Todos los procedimientos internos y decisiones, buenas o malas, son responsabilidad directa de él como supervisor y es responsable vicario de lo que se hace, de los logros y los fracasos.
El lo sabe y para perpetuar su poder, ha creado una atmósfera de protección publicitaria para que parezca que hay perfección en lo que hace y manipula la información para que las actuaciones suyas y de su grupo parezcan perfectas y apropiadas. Creó una página, luego otra y finalmente muchas donde la oferta de servicio al pueblo pareciera darse en un ambiente de completa participación y beneficio de los ciudadanos, pero no es así. Falta la autocrítica, la explicación sincera de porque muchas oportunidades no llegan al ciudadano y cuáles son las opciones del futuro dentro de su oferta de servicio. Es un ejercicio maquillado y peor que todo, financiado por fondos públicos.
Cuando queremos fantasía para estimular la imaginación, nos vamos a Disney, Universal Studios o a Hollywood. Allí podemos participar de ambientes artificialmente creados que nos emocionan y enriquecen nuestro ser. Pero la publicidad creada por Marcos Cruz Molina, en su afán de que se perciban las cosas a su favor y que no hayan otras opciones para formular una realidad de las situaciones reales, perjudica la percepción que debe tener el pueblo para poder echar hacia adelante.
Creo que Marcos Cruz Molina era una persona buena que se envaneció de poder y ahora quiere quedarse en él para probar que es la única opción que tiene este pueblo, como una meta personal y no como inspiración siquiera para mejorar la obra que hubiera hecho o hacer lo que no hubiera hecho. Me da la impresión de que su original oferta de que iba a estar el tiempo suficiente en el poder como alcalde la cambió porque en un momento ha creído que es esencial y que sin su presencia el pueblo no progresa, según su propia definición de lo que es progreso, lo que no se refleja en su producto. Pero, mas allá del maquillaje, ¿hay progreso en Vega Baja? ¿Estamos conformes con su desempeño de los últimos largos doce años en el poder?
El continuismo es evidencia de que fuimos por mal camino. Y haberle creído cuentos de camino y en ocasiones darle loas cuando debimos haberle exigido explicaciones y obra contundente, no puede ser la ruta del futuro. Hay que buscar una nueva sangre, elementos creativos y nuevas mentes que no dependan de su decisión cuando no entiende o se cansa de buenos asesores y excelentes participantes contratados o voluntarios.
Quien piensa en Marcos Cruz Molina para el futuro de Vega Baja sabe que son escasas las oportunidades de servir con nuevas ideas, trabajar o mejorar en el trabajo municipal. Que está obligado a hacer trabajo político y que ni siquiera con su labor de lealtad podrá aspirar al progreso individual como empleado municipal.
El que viene a trabajar en una posición ejecutiva, no tiene que tener talento, solo saber decir «Sí, señor alcalde» porque si se osa pensar o hablar, no es permitido brillar por luz propia sino siempre la luz tiene que ser tenue ente la presencia del alcalde como figura onmipresente en un gobierno de micro administración. Pero si se viene recomendado de otra municipalidad popular, donde por no ser elector vegabajeño no se va a hacer sombra o si se quiere ser candidato en otro pueblo, este es el lugar perfecto de trabajo según el libro de contratación del alcalde.
No hay democracia en esas actuaciones personalistas y oportunistas, sino lo que comúnmente llamamos «dedocracia». Ese tipo de gobierno hundió al Partido Popular Democrático en 1968 por exceso de poder de su creador Luis Muñoz Marín. La fisura creada en la democracia participativa nunca le permitió a ese partido recuperar el copo electoral que siempre tenía. De unas elecciones de triunfo total, perdió la hegemonía continua de ganar continuamente todos los cargos públicos importantes y muchas alcaldías, algunas para siempre. También, creó el bipartidismo y la facilidad de corrupción en todas las ramas de gobierno, sabiéndose que ya los políticos no iban a durar en sus cargos y morir ejerciéndolos.
La continuidad en los cargos trae malas mañas. Cada incumbente se aferra a su silla y crea una atmósfera tipo Dios, con los acólitos de pobre voluntad que designa para formar su coro celestial. Al personaje del angelito que se sale del librito personal que ha creado le da fuete en la manita como hacía Jacobo Morales a Shorty Castro en la comedia televisiva de Esto No Tiene Nombre. Aquel buen programa desapareció y hoy sólo es recuerdo. Ya podemos anticipar que a falta de una obra contundente, la historia del gobierno de Marcos Cruz Molina no será ejemplar para contarla pues la propaganda no cuenta como documento para basamentar la buena historia.
En Vega Baja hay un llamado dentro del Partido Popular Democrático local para que el alcalde rinda cuentas por su servicio en los pasados once años. No es poca cosa y él lo sabe por lo exiguo de la participación ciudadana en sus convocatorias, que ya no cuenta con el poder consolidado.
No se, ni nadie sabe, si los electores le van a renovar el contrato de servicio por cuatro años más. Esa es la decisión democrática más importante que este pueblo puede ejercer para traer una participación más plena no solo de un alcalde y legisladores municipales distintos, sino de verdaderos vegabajeños comprometidos al poder gubernamental local.
«Venir por más» en el lema publicitario de esta campaña primarista del alcalde significa venir por más de lo mismo. Muchos anticipamos que si no hay cambio, no habrá progreso. Eso es elemental en cualquier ecuación.
