
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Desde hace varios días hemos estado escribiendo sobre los problemas en los cementerios de Vega Baja. La respuesta del Gobierno Municipal ha sido ninguna. El alcalde, sus «secretarios» como los llama, ni los que están a cargo de oficinas dicen nada sobre los problemas reales que se viven cada día en los cementerios públicos. Chitón, porque siguen la regla de Miguel Angel Alvarez como dijo dentro del parlamento de unos de sus personajes: «In close mouth, don’t enter flies». Pero se equivocan y le fallan al pueblo en este servicio que supone honorabilidad, confianza y precisión. Siguen haciendo las cosas mal.
Esta mañana amaneció la noticia de robo de lápidas y otros objetos de valor del cementerio Valle de los Sueños de Manatí, que es privado. Pero ese acto no nos es ajeno, En Vega Baja ha pasado peor. Se han robado literalmente los clavos de la cruz y hasta las cruces que colocan los deudos. Esto ha provocado mucho dolor en el pasado.
No voy a insistir en las historias de los cementerios de Vega Baja que ya hemos abordado en otras ocasiones y que hemos hecho estudios, escrito abundantemente sobre ello en el último medio siglo, participando en seminarios, clases y foros sobre el tema dentro y fuera de la Escuela de la Historia Vegabajeña junto a estudiosos como el profesor Luis Mejías Astol, Dr. Carlos Ayes y Juan Carlos Rosario. Baste saber que hay varios historiadores que hemos cubierto este tema de arriba a abajo y que hay problemas que nunca se han resuelto y otros nuevos que se están presentando en esta área abandonada del servicio municipal.
Hace unos años, la familia Arraiza descubrió que su tumba familiar había sido escalada y se habían llevado el sarcófago en el que sepultaron a su patriarca, producto de una gestión criminal orquestada por un dueño de funeraria local para hurtar, reacondicionar y vender su costoso ataúd, dejando los restos en una bolsa de plástico. La familia Meléndez Morales también tuvo la tristeza de encontrar fuera de su tumba a nuestro amigo «Barceló», con mutilación en sus dedos presumiblemente para un acto religioso de una religión santera. Y así, muchas otras actividades conocidas se cuentan que han ocurrido por falta de vigilancia y seguridad de estos lugares, sagrados para muchos.
A mi familia la borraron del cementerio. Cuando Cordero estaba a cargo de estos bajo la administración de Luis Meléndez Cano, se hicieron unos baños para los trabajadores del cementerio a la entrada, donde estaban depositados los restos de parte de mi familia materna. El alcalde Meléndez Cano dispuso que no se enterrara a nadie más allí, que se removieran las cruces y que se pusieran unas lápidas en metal en la pared de los baños para señalar la presencia de mis familiares.
Hubo hasta una ceremonia donde el alcalde y los familiares participamos, pero después de un término, el administrador del cementerio autorizó que se enterraran a otras personas sobre los restos de la familia y las tarjas desaparecieron. Eso es un hecho histórico que antes no lo había compartido por el dolor que representaba para mis ascendientes que aun vivían de que sus tumbas de nuestros familiares hubieran sido violadas, pero la última vinculada directamente fue mi madre, que falleció en julio pasado. Ahora podemos hablar lo que la prudencia nos hizo callar.
Actualmente, se están haciendo lo que llaman «trabajos internos» dentro del lenguaje de los que trabajan en el cementerio, un miembro conocido de una funeraria vegabajeña, empleados de esta área de trabajo y un personaje particular muy querido y apreciado por todos porque economiza dinero a los deudos haciendo exhumaciones ilegales. Personalmente me han ofrecido ese servicio para resolver disponer de espacio en otra tumba de mis parientes fallecidos, pero no ha sido necesario hasta el momento intervenir la tumba porque nuestros parientes están optando por la cremación.
El problema es que la ilegalidad en el cementerio municipal es asunto diario, no hay respeto por los muertos ni por los vivos que pagan por guardar con seguridad los restos de los familiares. Lo cierto, es que los muertos no están seguros en estos lugares y ya parece que hasta los familiares no les importa mucho, pues ceden a ese juego de ilegalidades.
Cuando se supone que no debe haber un negocio privado dentro del negocio público que da un servicio público a los ciudadanos, todos los días se pasan de la raya. Mientras una investigación se sustancia y produce cambios, mi recomendación es que hasta que el muerto no sea sepultado, no lo deje solo, aun cuando le digan que ellos se encargarán de ahí en adelante.
No acepte que cadáveres sean puestos provisionalmente en sus espacios, porque aunque se acostumbra contrario a la ley mover cadáveres antes de los treinta días, no es posible exhumar hasta que pase un término de cinco años. Cuando para colocar un ataúd piden que sea levantado en brazos para colocarlo en un espacio de un mausoleo más alto, reclame que se use el elevador (lifter) pues puede pasar, como ha pasado recientemente, que los líquidos del fallecido le caigan en su cuerpo. Nunca abandone el lugar de enterramiento o exhumación hasta estar seguro de que con su pariente han cumplido completamente.
No hay garantía, en los cementerios municipales de Vega Baja, que se hagan las cosas conforme a la ley. Y los empleados del cementerio, no están autorizados a bregar con cadáveres, porque no están certificados, aun en presencia de funerarios autorizados o de jefes insensibles que los obliguen a hacer cosas ilegales. Ya ha habido accidentes por exposición, lo que no se deben repetir. Y les prevenimos de que no traten de silenciar a empleados municipales con amenazas, pues hay leyes de inmunidad que los protegen y no son los únicos que conocen de estas irregularidades.
Es un asunto doloroso y peligroso, que el alcalde conoce y como en otros asuntos de corrupción municipal, no quiere que le digan para que no lo pillen en la complicidad. Pero ignorar deliberadamente este triste asunto, no lo excluye de responsabilidad.
