
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
El candidato Marcos Cruz Molina no tenía experiencia electoral activa. Eso lo llevó a una confianza absoluta en la que no midió factores de error. La falta de experiencia en contiendas agresivas lo hizo prepotente, creído y hasta mentiroso. No lo digo para insultarlo, sino para describirlo. Y no como yo lo pueda ver, sino como concluyo que la gente lo ve.
Nunca esperó que tuviera un contendor en el Partido Popular que se atreviera a retar su poder y control del dinero de su partido y de las arcas municipales. Y lo de su poder del dinero dentro de su partido es evidente porque convenientemente puso todo el dinero recogido a su campaña personal en 2020, de acuerdo al Contralor Electoral. Según su criterio en 2020, él era el Partido Popular Democrático en ese año.
Nominalmente, solo dejó un centenar de dólares en la cuenta del Partido Popular a nivel local; todo fue a su cuenta personal como candidato. Y aun así, la administró tan mal, que le impusieron una multa por ausencia de información de dónde obtuvo el dinero y a donde fue a gastarse.
Eso le ocasionó un corre corre a última hora para asegurarse un plan de pagos con el Contralor Electoral porque ya se le habían vencido todos los términos para pedir reconsideración o apelación y peligraba su candidatura a alcalde, solo bastó que el día de su certificación la pospusieran hsata que cumpliera con el informe adverso e impositivo del Contralor Electoral. Ese fue un pachó ante la Comisión de Validación de candidatos a pesar de que por ser incumbente tenía una ventaja. Así, que no es confiable aportar a él, porque a base de la experiencia no se puede asegurar si el dinero del ciudadano va a ser contabilizado y si será adecuadamente utilizado. O se gastará en alguien o algo que no tenga que ver con la cuenta que se abrió para apoyar su candidatura.
Hay quien dice que el dinero perdido se lo apropió para su uso personal, pero no me parece correcto asumir esa postura. Pero de que fue negligente e incumplidor con las leyes en su carácter como candidato, no debe haber duda de ello. Es lo que oficialmente surge de la información pública del Contralor Electoral y el alcalde Marcos Cruz Molina, rapidito para culpar a otros, no ha dicho ni jí. Y no puede, porque no hay otra versión, ni siquiera la de él. Mutis. Silencio. In close mouth don’t enter flies. Pero las moscas lo rodean.
En 2020 puso una cuota de $500.00 a los empleados de confianza y a los candidatos a legisladores municipales bajo la teoría de que si él no salía electo, nadie de ellos tendría trabajo o cargo público en caso de los legisladores. En los informes se refleja el de aquellos que lo pudieron pagar y en otros que su sueldo no dependía de la nómina como los candidatos a la Legislatura Municipal. Esos informes son públicos, nadie puede desmentirlos porque él mismo fue quien los preparó y certificó como correctos.
Podemos decir los nombres, pero no es necesario. Muchos de ellos, que tuvieron fe en su alcalde dependen de su permanencia como funcionarios públicos porque su trabajo termina por ley cuando el alcalde termina en su mandato. Y solo dos podrían pasar a ser de nuevo legisladores, pero de minoría, si Marcos Cruz pierde.
Los otros errores en la campaña de Marcos Cruz son demasiado evidentes. Apenas se luce a menos que lo haga en actividades financiadas por el gobierno municipal. y aun así, las limitaciones de la veda no lo hace lo visible que era en tiempos normales. No es bien recibido en las comunidades, siquiera en hogares de los mismos populares, que se sienten traicionados y hasta molestos con su presencia porque muchos no sienten que ha servido bien antes de la campaña. Sus dádivas a las comunidades se considera un aguaje politiquero que pudiera concluir el 2 de junio si es derrotado por Madeline Pichardo Riestra o en noviembre por la candidata del PNP Evelyn Meléndez Marrero.
El habla de la improvisación para tratar de desvirtuar la presencia de Madeline Pichardo Riestra. Pero no la mencionaría si en su interior no hubiera experimentado el efecto de esa mujer que como una de sus acólitos dijo varias mentiras como que «no residía en Vega Baja», «no era popular» que «no venía de dentro de las estructuras del partido» y que «Marcos Cruz Molina era el dueño de la alcaldía». Curioso que viniera de dos mujeres que saben que en Vega Baja nunca ha habido una mujer alcaldesa.
Al principio de la campaña Marcos decía que tal vez no iba a postularse y se dio el lujo de tardar en anunciar su decisión y hasta en presentar su candidatura. Decían entonces los propios suyos que había dicho el alcalde que era que a ultima hora iba a designar a su protegido Rafael Figueroa Gaetán para que fuera candidato a alcalde de Vega Baja. Y esa mentira, como muchas otras se regó como pólvora.
Eso de señalar de dedo a un heredero político no se dio, afortunadamente. Pero cuidado con apoderarse de la voluntad democrática señalando sucesores. Esa idea colapsó con Luis Muñoz Marín en 1968 y con Luis Meléndez Cano en 2004, ambos del Partido Popular.
Un pueblo democrático no se manipula. Ese es el error principal de Marcos Cruz Molina, que está haciendo política a la antigua, que curiosamente se transforma en transparente porque todo el mundo adivina sus intenciones de las dádivas municipales, lo que ya no es efectiva. Las finalización de las obras no se dejan para lo último, porque el trabajo del alcalde es de cuatro años, no de unos meses antes de las elecciones para impresionar.
La otra candidata le está enseñando a reir, a abrazar y a no poner en sus labios palabras denigrantes a su principal rival. Le está enseñando además que no se debe estimular ni tapar a los acólitos a tumbar propaganda, a saludar y no ignorar a los demás cuando se entra a un lugar y a considerar seres humanos a los electores. Le está también enseñando el lugar sagrado de Vega Baja como lo es la naturaleza, afectada por decisiones desafortunadas económicas y de supuesto desarrollo económico que no lo son. Ella es, sin duda una mejor candidata a alcaldesa que el, que parece que la experiencia lo ha puesto duro, lento y poco creativo. Sus únicas expresiones son para justificarse y lo demás es silencio. Todo eso nunca lo tuvo o lo perdió Marcos Cruz Molina en su carrera política.
Vega Baja no puede tener otros cuatro años de parálisis social, deportiva, cultural y económica. Hace falta una nueva filosofía más amplia y humana de administrar. Para lograr eso, en la próxima primaria deben prevalecer Madeline Pichardo Riestra por el Partido Popular y Evelyn Meléndez Marrero que junto a los candidatos a alcalde que no tienen primaria, Edwin (Win) Marrero por Victoria Ciudadana, Rolando Rivera Garratón y Salvador García, por Proyecto Dignidad, todos son mejores opciones que lo que tenemos. Y contemos también con la elección de los mejores candidatos a legisladores municipales, senadores de Arecibo y representantes de los distritos 11 y 12.
En el año de 2025 debe haber un nuevo y fresco comienzo en Vega Baja, independientemente de lo que pase en Puerto Rico y en Estados Unidos. Lo que ahora hay para continuar, lleno de errores, no es bueno y se puede poner peor si vuelven los iguales. Como dice la canción política «son los mismos, los mismos de la otra vez».
