
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
A los empleados del Gobierno Municipal le dieron una orientación sobre seguridad en el empleo. Eso es una buena iniciativa, un poco forzada por las quejas continuas de empleados municipales que se quejan de que sus jefes no tienen ambientes seguros en las áreas de trabajo.
El seminario, pues, debieron dársele a los supervisores. Y a los jefes de cada departamento y oficinas y hasta al alcalde, porque no se puede mantener un ambiente de peligros inminentes para luego culpar a los empleados de negligencia en su desempeño por no haber tomado las medidas correspondientes.
La persona que dio la orientación dijo que por cada línea expuesta, como por la falta de las tapas en los receptáculos, la multa de OSHA es de $2,000.00, pero una vida vale mucho más que eso y aun al precio que se compra, una tapa no vale ni un dólar. En muchos lugares públicos hay falta de ellos porque dicen que se las hurtan, pero pueden invertir un poco mas en tapas que sean más difícil de apropiárselas. No hay excusa para exponer a los empleados y al público.
La administración cree que el Fondo del Seguro del Estado de los empleados resuelve el problema, pero una incapacidad o muerte no tiene valor económico y menos el efecto que hay para la familia la ausencia de un proveedor.
En la presente administración se les ha señalado de varios lugares inapropiados para ejercer empleos municipales, exponiéndose a los obreros por la ausencia de ropa o equipos adecuados. Podemos señalar por ejemplo, a los asperjadores de pesticidas, trabajadores de los cementerios y la oficina del administrador de documentos.
La administración municipal debe tener más sensibilidad con la salud y riesgo de accidente de los empleados municipales, especialmente aquellos que trabajan fuera de oficinas, cuya vida a veces se la juegan ante una tragedia inminente por contaminación, electrocución o exposición a otros peligros. Orientar es útil, pero la acción positiva es más necesaria y urgente.
