
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La administración municipal de Marcos Cruz Molina tiene algunos problemas que ya se han hecho costumbre, uso diario y reglas ilegales asumidas sobre los reglamentos. Una es la connivencia o ponerse de acuerdo para culpar a funcionarios de menor categoría de forma distinta y más severa cuando se trata de un empleado de menor ascendencia que otro de mayor rango.
Se comenta por lo bajo que en esa historia hay un nombre de un actual funcionario público ascendido a nivel del gabinete mayor que ha cometido varios errores, entre ellos, el de haber visitado un motel para recreo con una dama en un vehículo oficial. No solo se le perdonó el error sino que fue ascendido a una posición mayor pues es hijo de uno de los populares del corazón del rollo y de los funcionarios preferidos del alcalde que aunque no tenga experiencia ni conocimiento, lo ponen a dirigir «secretarías», aunque la mayor parte del tiempo se pasa politiqueando. Sin decir su nombre, estoy seguro que ya sale a relucir, por ser tan notorio y conocido el incidente.
El uso de horas de trabajo para hacer gestiones o campaña política es otro de los males de esta administración. Lo tratan de disimular, ocultar y ser discretos, pero esa actividad y la de recibir compensación de tiempo oficial por participar en actividades de campañas a favor del alcalde, no es oficial pero es costumbre. El preferir a unos empleados claves sobre otros para brindar este permiso, provoca malestar y el hacer este tipo de hurto legal, es reprensible.
Ningún funcionario o empleado puede libremente expresar nada negativo sobre el alcalde ni a favor de la candidata Madeline Pichardo Riestra porque inmediatamente es «fichardo», o sea, fichado como de la candidata. En adelante, todos sus movimientos se vigilan para aprovechar la oportunidad de incomodarlo en su desempeño con advertencias, «consejos» y hasta ofrecimientos sobre futuras oportunidades en el empleo. También le «orientan sobre su futuro despido si no es Marcos Cruz el alcalde en 2025». Es política partidista entronizada pero es peor aun, es la marca del «marquismo», la manera de el alcalde manejar la cosa pública en Vega Baja.
Todas esas actividades son ilegales y se pueden denunciar y hasta recibir inmunidad de parte de las oficinas estatales y federales, porque se trata de discriminación política. Ese es terreno andado por miles de empleados municipales, estatales y federales que han sido protegidos cuando deciden denunciar estas irregularidades.
Hace pocos días, Andreíta fue impactada por un vehículo municipal en Vega Baja. El chofer, de Obras Públicas, cuando le impactó se rió burlonamente y siguió su rumbo. Fríamente, no se detuvo a preguntar ni a ponerse a disposición para nada, como la ley dispone.
Ese individuo no está preparado para guiar una máquina tan peligrosa como un automóvil cuando es conducido negligentemente. Pero él no solo es responsable. Establece la misma ley que el gobierno municipal es negligente de tenerlo en esa posición y consentir de alguna manera sus actuaciones y al no proveerle orientación previa sobre qué hacer en caso de accidente y más cuando se siente protegido con el principio de que su patrono, el gobierno municipal, asumirá la responsabilidad de sus errores.
Hay, pues, un desfase entre la calidad de la administración municipal en su relación con los empleados públicos que más allá de ejercer un empleo deben honrar lo de que son servidores públicos también. No están para desafiar las reglas aunque se sientan protegidos por sus jefes y el sistema establecido.
Está otro principio más importante y es el que el empleado sepa cómo lo puede hacer mejor en ausencia de sus jefes, de una manera óptima para garantizar la mayor de las responsabilidades ejercitadas en el momento de crisis. Eso no existe en el Gobierno Municipal de Vega Baja. Al final del día, que el jefe resuelva, como lo hizo Yadira muy responsablemente en esta ocasión.
Pero en los gobiernos bien capacitados, no debe llegar el asunto al jefe. El empleado debe saber qué hacer en todo momento. El jefe puede o no estar disponible y si el empleado no hace lo que deba hacer, hay crisis para él y para los demás afectados. Es cuando lo de servidor público se desvanece,
Peor es aun y ha pasado, cuando el jefe se pone de inmediato del lado del empleado o de la administración para tratar de tapar circunstancias y perjudicar a los ciudadanos con el poder que de momento tienen para decidir. Los cuentos no acaban sobre el particular. Esta brecha no debería existir después de doce años de Marcos Cruz. Es una de esos cabos sueltos de su administración, que por oportunismo, se ha mantenido.
