
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
El escalamiento del Museo Casa Portela produce dolor. Dolor emocional, mental, espiritual. Una entrada abrupta en cualquier lugar de forma violenta produce sentimientos negativos y preguntas que no se pueden contestar.
¿Qué pasó? Todo lo que sabemos es el efecto de lo que aconteció. ¿Fue una mera expresión de trastornos mentales de una o mas personas o fue una protesta contra lo establecido? Más dudas.
Por lo que pude ver en fotografías y lo que estiman que es el costo de reproducción de los daños, $70,000.00, es un acto criminal de alto perfil, aunque lo hayan producido mozalbetes o personas trastornadas cuyo principal propósito sea hurtar. Lo malo de que cuando se atenta contra la cultura y la historia se produce una falta de continuación y de valorización de lo que se ha acumulado como valores positivos hasta el momento.
Hay muchos más detalles pensados particulares sobre lo que pasó, pero tomemos solamente un ejemplo, para fines de entender la magnitud del acto perpetrado. Pensemos en el mural histórico de Vega Baja.

Esa obra de arte fue elaborada por la mano de uno de los pintores más famosos de Puerto Rico, del que hemos escrito anteriormente y hemos también relatado la historia de esa pintura.
La idea para lograr esa obra fue de muchas personas. Originalmente fue forjada entre otros conceptos del Comité Bicentenario de Vega Baja, entre 1974 a 1976. Lo sé porque fui parte de ese grupo en el que marcamos el curso de la labor cultural que se creó durante la administración de Luis Meléndez Cano. Luisito fue un proveedor magnífico. Cruzó líneas partidistas y nos puso a trabajar a todos en la idea y en la realización.
El mural es obra de muchos. Mi padre es el autor de algunas de las imágenes que aparecen allí o las reproducciones fotográficas de las que el autor Luis G. Cagigas dibujó y pintó los parchos históricos que allí se recrean. Luis de la Rosa Martínez, historiador y Adrián Santos Tirado escogieron los hitos históricos y los personajes para plasmarlos en el canvas gigante. Su lugar permanente sería el Teatro Fénix y allí estuvo hasta que se comenzó la última restauración bajo la presente administración.
El mural ha sufrido dos accidentes antes de esta reciente mutilación. Uno fue un acto vandálico donde alegadamente unos estudiantes dibujaron y pintaron palabras y creo que hasta obscenidades sobre la pintura. La reparación se hizo por el mismo autor Cajigas y costó $5,000.00.
El segundo accidente fue un acto de negligencia cuando se guardó por la presente administración, una vez fue desinstalado de la pared donde estaba en el Teatro Fénix. Se hizo en medio de un rescate de emergencia porque la pared donde estaba sería derribada. Se había cedido el edificio al contratista en medio del olvido de la obra, lo que no podemos entender, porque el tamaño de la obra es evidente y visible.
Los artículos vandalizados o hurtados son el producto del quehacer humano vegabajeño y puertorriqueño. Se supone que hayan sido inventariados y valorizados para fines de la respuesta del seguro que debe tener el Gobierno Municipal. Pero nada sustituye lo perdido. Hay algo que se hizo en un momento dado que no se puede reproducir, arreglar o restaurar.
El sentido de pérdida no es solamente de las personas que lo hicieron, de sus familiares que les sobrevivan, sino del colectivo vegabajeño. Cada vez que se pierde una parte de la historia dice mucho del descuido de muchos al no renovar las medidas de seguridad para proteger los valores locales.
A veces, como se sabe que la historia no se repite, se permite que eso pase, para que se valorice más el presente que el pasado. Los que estamos pendientes de perpetuar lo acontecido, estamos vigilantes para que esa idea se aleje de algunos políticos.
Hay cosas que se pueden hacer. Pero por el momento, el dolor es mucho y a los que sentimos la mezcla de rabia e indignación, no nos permite formular nuevas ideas. Pero no estamos rendidos. Hay que pasar esta etapa de luto para ver el panorama completo y regresar a la mesa de dibujo.
