Obituario: Recuerdo de mi padre Israel Martínez, por su hijo Geño

Ayer el sol calentaba el adelanto de un verano caluroso. Un oleaje imponente azotaba la orilla. La ola iba creciendo hasta su máximo potencial y rompía con la violencia organizada que solo la naturaleza puede orquestar.

El intervalo de 15 segundos permitía soñarme corriendo algunas de las bestias saladas que parecían manejables. Tú pensabas estrategias y yo complejidades. Me asaltó el recuerdo de cuando llevamos al Colorao a tocar por cada negocio del área que contará con una guitarra. Pocos sabían ya quien él era, pero ese día lo hiciste ser una vez más un músico apasionado.

Volví a estar en el carro de camino a Aibonito por la 155. Me era tan ilógico comenzar el camino hacia el Oeste cuando debíamos ir hacia el Este. Cao, tú y yo apenas nos hablamos pero la pasamos tan bien uno con el otro, en silencio. Hay silencios que dicen tanto, pero solemos tardar en escucharlos.

Supiste ser el hijo de Cao y el papá de Geño para no usurpar protagonismos. Aprendiste a usar el WhatsApp para mantenernos en comunicación continua. Nos dio algo de trabajo, pero que bien funcionó. Ahora buscaré tus mensajes de otra forma, me toca a mi aprender en esta vuelta, como fue en un principio.

Pero tranquilo, papi, que cuando pregunten como estoy les diré a todos que «en casa hay agua».

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