
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La campaña de Marcos Cruz Molina tiene varios problemas. El principal problema parece ser la desesperación del alcalde de tratar de alcanzar el brillo, originalidad y eficiencia de la campaña de su opositora Madeline Pichardo Riestra mientras el tiempo va pasando y ella parece ir captando la atención y el favor de los electores populares y del liderato estatal, distrital y de los electores.
El primer error es la designación de su Jefe de Campaña. A pesar de tener la experiencia de campañas anteriores desde el principio, Rafael Figueroa Gaetán sólo ejerce su función de nombre ya que el alcalde es quien decide todo, al igual que en su estilo de ejecutar su cargo de alcalde por micro administración.
Nadie puede trabajar con libertad recibiendo instrucciones todo el tiempo sin aportar inteligentemente. Debió escoger una persona de la comunidad que también quitara la impresión de que solo está respaldado por gente que depende de su participación en el partido político y el candidato para prevalecer en su trabajo en el Gobierno Municipal. Eso es extender el brazo de gobierno a su facción política y tratar de institucionalizar el gobierno municipal que dirige con la facción política que tiene. Sobre este asunto hay mucho más. Su estrategia política de suavizar la carga administrativa de un ministro con cargo a uno de ministro sin cartera es otra estrategia que tiene ribetes.
El segundo error es como Marcos Cruz Molina ha visualizado su campaña. Hasta el último día que pudo de acuerdo a la ley utilizó visiblemente los medios pagados por los ciudadanos para publicitarse. Aun lo hace, en medios en que la información y fotografías salen de su equipo de trabajo municipal y no político, pero con obvios fines politico-partidistas. No ha seguido las regulaciones sobre veda electoral y por lo que eventualmente tendrá que responder.
Originalmente, tuvo sus campañas en una forma flexible y sin oposición en su partido y menos en el Partido Nuevo Progresista, que es su contendor electoral más cercano. En su estilo de no contar con mujeres ni personas de edad, rechazó el ofrecimiento de ayuda de quien desde el estado de Florida estaba gestionando equipos de comunicación de seguridad y vehículo de rescate y quien sin la ayuda del gobierno municipal continuó gestionando cosas buenas para los vegabajeños. La candidata Madeline Pichardo Riestra pudo percibir la insuficiencia de un alcalde que tenía límites en perjuicio de su propio pueblo y pensó que sus conocimientos, experiencia y amor que ella tiene por los vegabajeños serían mejor que el servicio pobre que le estaba dando Marcos Cruz Molina a sus propios ciudadanos.
El tercer error de Marcos Cruz Molina ha sido que sin una campaña original, quiera seguirle los pasos a la campaña de Madeline Pichardo Riestra. Lo cierto es que en los últimos catorce años no desarrolló experiencia contendora, ni elaboró un carácter a tono con lo que se espera de un político. Se infló como un pavo real en lugar de buscar más humildad por el privilegio que los electores le habían concedido y nunca llenó el hueco que dejaba a su paso por sus desvaríos y desafectos. En un celo irracional, le ha prohibido retratarse a sus acólitos con la simpática candidata de su propio partido. Eso ha llegado hasta el liderato municipal de antaño e inexplicablemente, a los candidatos distritales a senadores y representantes.
Ahora tiene un juego de pies con los candidatos a gobernador. El ha apoyado a Jesús Manuel Ortíz, pero por algo extraño le sacó el calzo el día de la inauguración del Comité Local de su candidatura mientras se fue a celebrar el cumpleaños de Tito Ramírez, alcalde de Arecibo. Luego de que rechazó a Juan Zaragoza y le cerró las puertas, le dio rabia porque lo vio en un retrato con la otra candidata. Peor aun, cuando se enteró de que Madeline no había ido a buscar su apoyo a San Juan, sino que él vino a Vega Baja porque conocía de sus credenciales, avance e ingenio de ella siendo un diamante acabado de encontrar descubierto en política, le pidió a sus acólitos, en forma de S.O.S. y buscar un salvavidas, reunirse con Zaragoza.
El asociarse a otros candidatos significa ayudarle a velar los votos y a promocionar su candidatura en forma de alianza. Es indigno ver a más de un candidato a representarse por un distrito caminar detrás del fondillo de Marcos Cruz porque la lealtad al que se cree rey y poderoso es incomprensible cuando el ya ha señalado a sus fieles que deben votar por Can y no por Ruben Soto.
Si el alcalde ya había tomado la decisión de apoyar a Jesús Manuel Ortíz, no estaría en posición de ofrecerle lo mismo a Zaragoza. Zaragoza tendría que aceptar un aprecio de segunda clase para figurar en Vega Baja por quien ya se ha comprometido con el otro candidato.
Una candidatura como la de Marcos Cruz Molina, llena de malas vibraciones, no puede tener un final felíz.
