
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Las crónicas de la época a partir de 2013 revelan que desde que el alcalde Marcos Cruz Molina llegó al poder, está restaurando la Casa Alcaldía, sin que al final de su término 2021 a 2024 parezca que este edificio vuelva a albergar la oficina principal del Gobierno Municipal. Primero fueron unos arreglos domésticos, luego fue por los efectos de los huracanes Irma y María. Siete años después, el reloj de tres lados que alberga es bonito a la apariencia, tiene luz de noche, pero no marca la hora correcta.
No parece haber prisa por el asunto. Siempre que el alcalde habla, da una excusa, culpa a otros y evade fijar una nueva fecha de apertura. Es una lentitud permanente, un estilo de trabajar la cosa pública de dejadez y de abandonarlo todo para cuando su ánimo lo permita. Su micro administración, limitada, no le permite el «multitasking» aunque los ciudadanos tengan preferencias diversas, todo es a su ritmo, porque si delega, teme que le roben el foco público.
La Casa Alcaldía es una estructura centenaria, que requiere cuidarla, modernizarla dentro de los criterios culturales, pero no constituye un museo, que pudiera ser, sino una estructura viva que sirve para la acción de servicio a los ciudadanos. Su paralización y el traslado de la actividad que aquí se desarrollaba a otro lugar por tanto tiempo prolongado es costoso e ineficiente. A la apariencia nada más, uno puede ver cuán hacinados están los empleados públicos municipales que trabajan en el edificio provisional que lo sustituye. La información confidencial de los ciudadanos y de los mismos empleados fluye indiscriminadamente por la cercanía entre ellos y el cubujón en que el alcalde tiene su despacho, es indigno.

Esa dejadez no es solo por el edificio de la Casa Alcaldía. De un momento a otro, la hermosa fuente que había en el centro de la Plaza desapareció para poner la cara del alcalde por los cuatro lados, ahora quitados por la veda electoral. La fea y antiestética estructura que se erigió para dar energía a la misma, conectada a la corriente por el aire en lugar de cables soterrados tiene corriente viva y expuesta al público, en claro menosprecio por la seguridad de empleados municipales y ciudadanos.

Es posible que la Casa Alcaldía se inaugure este año como parte de una programación en tiempo oportunista para ensalzar «la obra» del alcalde Marcos Cruz Molina. Yo me alegraría en lo personal, pues desde 1988 llevo por escritos públicos la cantaleta de que es un edificio abusado y mal adicionado, que perdió las formas arquitectónicas y se le sumó un piso que elevó el reloj fuera de su círculo original, pero el jugar con el tiempo para beneficiar su imagen, es algo imperdonable. Es seguir haciendo la política como los anteriores alcaldes que el último año reparaban las calles y carreteras, cerraban los edificios y ponían rótulos al estilo cinematográfico de «coming soon» para impresionar y publicaban con cargo a las arcas municipales publicaciones de promoción.
El alcalde ha probado ser un continuo improvisador en lugar de una persona creativa. En su ejecución se ha perdido dinero en los cambios de muchas cosas inútiles que ha hecho que en su principio parecían buenas ideas, pero lo que hacía era tapar el polvo del piso con la alfombra y maquillar, en lugar de hacer una restauración inteligente y permanente.
