Cuando los licitadores posibles fueron al Parque Atlético Carlos Román Brull de Vega Baja quedaron perplejos del estado de abandono de la instalación deportiva. Algunos se llevaron las manos a la cabeza en señal de preocupación y pensaron que había que hacer todo nuevo. Uno dijo que diez millones no eran suficientes. Otro dijo que había que implosionarlo completo y hacer una nueva estructura. Se escuchó una voz, por lo bajo, decir: «Alcalde, ¡esto está camarón…!