Cuan largo me lo fiaís…

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Ni siquiera la casa del alcalde de Vega Baja, o sea, la Casa Alcaldía la verá terminada, inaugurada y celebrados sus cien años en esa posición, si al actual primer ejecutivo le ganan en la contienda primaria o la elección general. Al igual que la placita de la calle Padilla Dávila y Acosta, que cada día parece una imágen de un lugar de películas de misterio, Marcos Cruz no ha tenido respeto de dedicarse a las obras inmuebles y sacarlas en tiempo para ser buen juzgado por la población que habrá de depositar sus votos para renovar su contrato o despedirlo. Así está la restauación del edificio Muñoz Marín, envuelta en una demanda millonaria, la Cancha Municipal Moisés Navedo y el Parque Atlético de Vega Baja, entre otras obras anunciadas de pronta terminación.

Ha habido mala planificación y pobre ejecución de una persona de experiencia, que no tiene excusas para tal dilación. Ha estado lento, lentísimo y hasta detenido con su discurso de mareo y sigue cogiendo fiado a los vegabajeños, sin pagar sus deudas de promesas.

Hace poco dicen que le ordenó a la Ingeniera del Municipio que sacara todas las obras que pudiera para antes del 2 de junio y le dijeron que no podría hacerse nada hasta el nuevo año fiscal que empieza el 1 de julio, porque no hay dinero disponible. El «desarrollo económico municipal» está tan estancado que el billboard municipal solo tiene un anuncio, el de «Planet Fitness» que según el Director Económico es la obra ejemplo de la actividad económica de Vega Baja. No se sabe qué es peor, si el ejecutivo nombrado o su jefe. Comoquiera, nada se mueve.

!Cuan largo me lo fiáis! es una frase del renacimiento español, de carácter literario. El Internet, nos trae esa historia.

La frase proviene de la obra teatral «El burlador de Sevilla», de Tirso de Molina, la cual aparece varias veces en boca de su protagonista, don Juan Tenorio. En la obra, ya al final, cuando llega el momento en que don Juan expía sus pecados sucede el siguiente diálogo:

«No hay plazo que no llegue
ni deuda que no se pague
(…) ¿Mientras en mundo viva
no es justo que diga nadie:
¡Cuán largo me lo fiáis!
siendo tan breve el cobrarse?»

La frase aparece también en el Don Juan Tenorio de José Zorrilla, y es probable que se hiciera más popular gracias a esta última obra, ya que fue más famosa y representada que la de Tirso.

Hay una analogía entre Don Juan y Marcos. De hecho, hay una película con Johnny Depp que se llama Don Juan DeMarco que trata de la vida romántica de un jóven que a lo mejor tiene que ver con la trama, personajes y la idea central de las obras de Molina y Zorrilla. Dice Wikipedia que un hombre joven, vistiendo una máscara y una capa, está parado en una valla y su intención parece ser el suicidio. Es rescatado por la policía y enviado a un consultorio psiquiátrico. De allí es puesto en manos del doctor Jack Mickler (Marlon Brando) un maduro psiquiatra en camino de pensionarse. El paciente le cuenta al doctor que él es realmente el gran amante Don Juan DeMarco, aquel que ha seducido a 1.500 mujeres, pero que ha caído en una depresión al no haber logrado conquistar a la mujer de sus sueños. El doctor Mickler tiene un plazo de 10 días para tratarlo. A medida que la historia avanza, Don Juan DeMarco le va contando su historia. Como es que fue criado en México y la razón por la cual usa una máscara. A lo largo de la película van apareciendo diversas pistas que hacen a Jack dudar si es la historia de Don Juan es verdad o son ideas delirantes.

Volviendo a la literatura, Juan Tenorio es el Burlador de Sevilla; Marcos el burlador de Vega Baja, ambos son seductores y posponen el pago por sus villanías mediante ardides y trucos, pero saben y si no, se enteran al final, de que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Es obvio que el alcalde no tiene la confianza de años anteriores del pueblo y siquiera de su partido político, hoy dividido por sus acciones y la de sus acólitos. Aun cuando no se haya quitado el arquetipo del hombre arrogante. Está en la cuerda floja, agarrándose a los clavos calientes que le pueden hacer más daño que bien.

Aunque no haya sido derrotado, a esta fecha es un hombre vencido, porque no puede retomar aunque lo diga, al autobombo de ser una persona, limpia, transparente y hasta llorón para mover la compasión, porque el conocimiento del pueblo sobre su verdadero carácter, ya es conocido de todos. Y fuera de eso, no tiene nada más, porque se acabó el fiao.

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