El racismo histórico y otros prejuicios en la posición de alcalde de Vega Baja

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Ayer expuse varios hechos históricos relacionados con la esclavitud negra que fueron estudiados por el historiador Guillermo A. Baralt en el libro «esclavos rebeldes». La fuente documental fue suplida también por el primer historiador vegabajeño, Luis de la Rosa Martínez.

El amigo Manuel Ayala me pidió mayor aclaración en una interpretación historia sobre el racismo en la posición de alcalde de Vega Baja. Mi expresión fue la siguiente: «La esclavitud fue una empresa autorizada por el gobierno desde los tiempos de la colonización. Bajo la premisa de desarrollo económico -muy similar a lo existente en nuestros días- se justificó hasta que se abolió la trata negra y la explotación del ser humano. La discriminación al negro y a otras minorías por fuerzas más adelantadas duró hasta el 2011 cuando se eligió al primer alcalde evidentemente mulato en Vega Baja, aunque aun hoy día existe la esclavitud laboral en los gobiernos municipal y estatal.«

La historia vegabajeña puede tener distintas interpretaciones, algunas crudas y que pueden poner en negación a personas, familiares, acólitos, historiadores aficionados o hasta los que cuentan las historias como si fueran cuentos. Pero basado en hechos comprobados e información documental, sólo debe prevalecer la historia que se escribe de esa manera, independientemente de las opiniones sociales, anecdotarias o de cualquier otra clase que la gente se invente.

La duda de Manuel es una legítima. No expliqué el contenido de mi conclusión sobre esos hechos en la historia política, pero es que en el momento no era el tema que estábamos desarrollando, pero es buena la oportunidad que propicia, porque siempre hay espacio y tiempo para discutir nuestros problemas en la sociedad vegabajeña.

Hablar y escribir sobre la discriminación racial política es muy delicado, porque a muchos la palabra negro no la quieren mencionar en su estirpe. Yo no tengo ese problema, ya que provengo de mulatos y solo soy un blanco aparente. Y lo sé por las investigaciones geneológicas y mis recuerdos de antepasados. Lo he preguntado a mis padres y a mis parientes, sin temor a que me dijeran la verdad. Otros, no quieren verdades, sino percepciones confusas y equivocadas y hasta falsean la historia para fingir grandezas.

Manuel nos da su interpretación personal, muy válida y correcta: «Me refería mas bien al asunto de discriminación racial. Por el hecho de haber dos Alcaldes mulatos o negros no se puede establecer que tal discriminación «duró hasta el 2011». Es algo mucho más complejo y que aún se sigue manifestando, aunque solapadamente. En cuanto a lo de «esclavitud laboral» concurro con usted. Gracias por su gentileza de atender mi inquietud».

Tienes razón, es un asunto más completo. Detrás de las las fuerzas políticas en la modernidad se mueven intereses comerciales, industriales, personales, sicológicos, religiosos, racistas y discriminatorios de todo tipo. Basta ver las mujeres con prejuicios, algunas de ellas liberales o conservadoras que atacaron con inuendos a las mujeres candidatas de ambos partidos en la pasada primaria. De relajo les decían «mujeres con el complejo de Estocolmo» en referencia a que aun están atadas por lo que los hombres le enseñaron de respetar y hasta a idolatrar al varón y tenerlo como un ser superior. Lo extraño es que aun las supuestas liberales, algunas de ellas con preferencia sexual no convencional públicamente definidas no consideraban que una mujer triunfadora en las distintas actividades humanas más que los mismos varones, pudiera ocupar una posición de alcaldesa. Y hablemos claro aunque por el momento solo digamos el milagro y no el santo, muchos bien acomodados que ven en riesgo su parte del poder de acceso y no quieren perderlo. Hay mucho «Moralito», el personaje de alcahuete de Don Rodrigo, personificado por Jacobo Morales en la comedia del Show del Mediodía. Estos acólitos son muy similares.

A Manuel, le contesté lo siguiente: «En años anteriores al 2011 habíamos sostenido la tesis de que en Vega Baja no había habido alcaldes de raza negra ni mujeres, porque se discriminaba contra ambos. Ivan Hernandez Torres fue el primer mulato que llegó a obtener el título de alcalde y luego también Marcos Cruz Molina, pero aun despues de casi 212 años de haberse elegido el primer alcalde en 1812, no hay aun alcaldes mujeres. En cuanto la esclavitud laboral, en los gobiernos es un asunto político de discriminación pues si no eres del gajo no te cojen y si te cojen y no le sirves políticamente al jefe partido de gobierno, no te dan promociones o hacen lo posible por salir de ti, No se premia al talento ni a la eficacia, la medida es cuánto le sirves al partido al ejecutivo».

Por un lado promueven la participación de la mujer en los asuntos sociales como damas destacadas, damas del PPD y Mujeres del PNP pero son las primeras en atacar, la mayor parte de las veces sin fundamentos, a las mujeres que se atreven a aunar fuerzas para reemplazar a los varones, que por la única razón de un machismo primitivo creen que son los únicos en estar en el cénit de las pirámides organizacionales públicas y privadas. Eso es valorar a la mujer como una ciudadana de segunda clase. Para fregar y cocinar, excelentes. Para sentarse a hablar de resolver problemas, es otro cantar. Y el poder establecido, los «dueños de los partidos» no las dejan progresar. Son prisioneras de sus propias preferencias.

Si esculcamos el detalle y la historia, vamos a encontrar más ejemplos. El racismo de piel, la virtud de ser mujer y la diferencia en preferencias sexuales se niega constantemente, aunque sea evidente aun en políticos de nuestros distritos. Eso no es un impedimento, pero el prejuicio es el enemigo del progreso. Una sociedad abierta es más igualitaria y permite mejores oportunidades a todos, independientemente de cómo pensemos. Algunos, por conveniencia, no pasan la página de su indiferencia o falta de acción porque están en su zona cómoda. Otros, no importa las heridas, llagas o cicatrices que tengamos en nuestro cuerpo y en nuestra alma, buscamos la verdad detrás de las bombas de humo y la neblina que crean.

Creo que todos podemos hablar, sin aspavientos ni frenos, de los demonios sociales como el racismo y todas las formas de discriminación, si queremos eliminar los dañinos prejuicios que fragmentan la sociedad. Ellos están presentes y no están lejos de cada uno de nosotros. Hay que observarlos.

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