
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Publicado por Diario Vegabajeño de Puerto Rico el 4 de octubre de 2021
Todos sabemos que el fuego es el más fuerte separador de la materia. Lo usaban los alquimistas para transmutar metales bajo la idea de que tiene en común elementos similares en su estructura.
Lo que se quema, no vuelve. Es el destructor por excelencia. Hasta ahora, no hay un método asequible como ese que pueda convertir los restos humanos en polvo antes de que el tiempo los descomponga en sus elementos originales.
El fuego es también transformador. El edificio del Teatro Fénix de Vega Baja nunca hubiera existido si un fuego no hubiera consumido una estructura previa y se hubiera construido lo que conocemos hace más de un siglo, con sus modificaciones. Por eso tiene ese nombre, aludiendo a la mitología del ave que se rehacía de sus cenizas.
Anteriormente, otros fuegos acabaron almacenes, comités políticos, casas de vivienda y lugares históricos. Pero también marcaron el nuevo espacio para el progreso, sustituyendo la materia perecedera con nuevas ideas arquitectónicas y de uso.
Hace poco tiempo el Dr. Jose Luis Colón González estaba haciendo gestiones para que esa casa fuera rescatada por una institución cultural vegabajeña. En consulta con el actual Presidente de la Escuela de la Historia Vegabajeña, Carlos M. Ayes Suárez, le dije que estábamos dispuestos a ayudarle en esa tarea.
La pérdida de la casa de ayer termina la historia de mucha gente que allí residió. Lo único que nos queda para conservar es unos remanentes y el recuerdo. Pero hay un aviso sobre la mesa. ¿Quién lo quemó? ¿Porqué se quemó? Una vez el literato vegabajeño Julio Meléndez, en forma jocosa me dijo que al USO, una institución recreativa para los soldados en Tortuguero, localizada en la Calle Julián Blanco Sosa, lo había quemado el fuego. El precisamente escribió una obra donde menciona el acontecimiento.
Queda entonces pendiente el saber la motivación, porque no existe la combustión espontánea.
