El lenguaje de los aspirantes a cargos públicos

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

De acuerdo a una de las definiciones de la retórica, esto es el arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover.

Hay políticos que son muy eficientes en la expresión, pero casi todos caen en una repetición, imitación o resbalan cuando son confrontados por los periodistas. Muchos de ellos no están preparados en este arte y creen que decir cualquier cosa será una expresión entendible, respetable y hasta pasará por el radar, engañándose a ellos mismos con una satisfacción vacua.

En estos días de la encuesta del Vocero y Wapa Televisión, las respuestas de los políticos son «estándar», nadie, especialmente los que están atrás, valoran los números, aunque todos hablan de «respetar» la misma. Casi todos dicen «eso es un instrumento de trabajo», otros dicen «la calle me dice otra cosa». También, «La encuesta de hace cuatro años para este tiempo me tenía con menos votos, pues ha habido adelanto», «para este momento, esos son buenos números». Terestela González, candidata del Partido Popular para San Juan dijo que estaba complacida con la campaña que estaba haciendo.

Los políticos no dejan ver sus verdaderas preocupaciones o son demasiado positivos. Los más optimistas de la historia ante resultados reales han sido los independentistas, quienes siempre han visto como Don Quijote, otra versión de la realidad de un respaldo menor que en ocasiones le ha eliminado como partido certificado. Los populares que quedan ya se están conformando en algunas instancias con ser tercer partido a nivel de Puerto Rico a pesar de tener la mayor parte de las alcaldías. Los penepés, mermado su respaldo por los electores, ya no ganan con los números masivos de antes y sus oficiales electos que deben trabajar el estatus son insuficientes para obtener resultados convincentes en la capital federal.

Creo que hace falta políticos más honestos, genuinos, auténticos. Sus bocas no están conectadas con lo que dice su mente y ya la mente del elector los supera, siendo más dinámica e inteligente que la de ellos. Deben terminar de creerse hábiles y sabios, pues solo son unos tontos creídos que empiezan dando interpretaciones cómodas cuando son candidatos y terminan mintiendo sobre asuntos esenciales cuando llegan al poder.

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