
Las recomendaciones de O’Reilley para fomentar el desarrollo económico de la Isla, se implementaron paulatinamente de forma parcial. Pero no sería sino hasta el periodo en que los franceses invaden a España que una serie de acontecimientos tanto en la península como en territorio americano propiciarían una serie de reformas administrativas como parte de la instauración de la Primera República Española que introducirían cambios importantes en la composición de la población, el desarrollo tecnológico asociado a los centros de producción azucarera y la actividad comercial. De hecho, Darío de Ormaechea opinaba que fueron las luchas emancipadoras de las colonias españolas americanas uno de los factores que favorecieron positivamente el desarrollo de la Isla.
La falta de desarrollo tecnológico en la producción de derivados de la caña de azúcar (azúcar moscabado, mieles y aguardiente) que se observaba durante el Siglo XVIII, experimentaría adelantos significativos durante la primera mitad de la nueva centuria. Lo que convertiría dichos productos en los artículos de mayor exportación del periodo. Pero los adelantos tecnológicos y el desarrollo que propició la proliferación de haciendas como unidades autónomas de producción se dan sin que haya un cambio en la estructura económica. El auge en la producción de caña de azúcar exigió de un aumento en la trata negrera. Esto trajo como resultado la necesidad de más tierra para los conucos de los esclavos y el aumento de esclavos coartados que engrosarían la población de los agregados y de los “sin tierras”.
La significativa dependencia de los productores de azúcar en el trabajo esclavo era visto por algunos sectores como desventajoso frente al trabajo asalariado de una gran legión de agregados y de los “sin tierras”. Por eso es que se inicia la reglamentación del trabajo libre de los jornaleros trayendo como consecuencia la quiebra del sistema de supervivencia del campesinado. El patrón de tenencia de tierras hatero ahora era suplantado por propiedades de menor extensión en mayor cantidad no solo dedicadas a la producción agropecuaria sino también a la agrícola. El sistema de tenencia de tierras de las haciendas era principalmente costero. Factor que empujó la población de los “sin tierras” a terrenos inadecuados para la siembra de caña de azúcar, mecanizada o no, pero adecuados para continuar con sus actividades económicas de subsistencia.
Aunque la apertura de nuevos puertos y las mejorías que se experimentaron en la infraestructura vial (caminos y puentes) favoreció el desarrollo de las actividades comerciales, particularmente internas, las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población prevalecían iguales. Sin embargo, la nueva necesidad de los municipios exigiría un mayor control de la población con el propósito de gravar sobre ella las cargas contributivas propias de la administración municipal. Lo mismo conllevaba no sólo la agrupación de la población por barrios sino la definición de las colindancias con los municipios vecinos. Con la imposición del “Reparto de Gastos Públicos”, entre muchos otros, se impuso una renta a todos los propietarios (pequeños, medianos y grandes). Los agregados y los “sin tierras” quedaban fuera de la nueva renta.
Cuando se examina la situación económica y comercial de la Isla para finales del periodo encontramos que la idea generalizada que prevalecía de que la apertura del comercio ayudaría a mejorar la economía de la Isla, no se anticipaba que la falta de capital, de tecnología adecuada, agotamiento de los suelos, sequías prolongadas y el control que ejercían los extranjeros, particularmente peninsulares, del comercio como intermediarios se combinaron para sumir a la industria en una profunda crisis.
La agricultura en Las Vegas durante el periodo de demolición de los hatos. (Ver tipos especiales de condiciones de producción – Marx)
Si bien es cierto que el fraile benedictino Abbad y Lasierra observaba que los habitantes de estas riberas se dedicaban casi exclusivamente a “la cría y ceba de vacas”, también observa distintas especies de frutales creciendo de forma silvestre advirtiendo que lo mismo evidenciaba la fertilidad de los valles aluviales de la ribera. Sin embargo, anota que sembraban poco maíz pese a que su cultivo evidenciaba un alto rendimiento.[1] El cultivo de maíz también había sido observado contemporáneamente por Don Fernando Miyares González durante su visita a la región y anota que “…y solo en maíz suelen esforzar sus siembras…”[2](Cultígenos indígenas)
De hecho, en un censo del 12 de octubre de 1784 a favor de la Archicofradía de Nuestra Señora de los Dolores[3], Don Manuel Negrón [Maldonado], Teniente á Guerra del Partido de la Vega, informa que en el hato y criadero de “Punao”, localizado en el pueblo de Manatí, se dedicaban a la crianza tanto de ganados “bacunos como de cerda”. Pero no menciona ningún cultígeno.
Aunque no hemos podido precisar cuándo comenzó el proceso de demolición de los hatos de la región, el 5 de octubre de 1800, el Teniente á Guerra Don Juan Correa Ortiz le remite al “Sr Govor Yntendte y Capn Gral” el Padrón de Tierras del partido donde le informa que habían demolido los criaderos de Cabo Caribe y Almirante y que los mismos habían sido “agregado por estancias…con orden de esa Capitanía Gral.” También informa que habían agregado 11.5 caballerías del hato de Pugnado que se encontraban anotadas en el Padrón de Tierras de Manatí por acordar que las mismas estaban localizadas en la jurisdicción de Vega Baja.[4] La demolición de los criaderos y el agregado de las 11.5 caballerías de terreno del hato de Pugnado representaron un significativo aumento en los derechos reales.[5] Ya para esta fecha aflora el conflicto jurisdiccional de los barrios rayanos. (Hatos>Estancias>Latifundios)
Ciertamente que fue en los antiguos criaderos de Almirante y Cabo Caribe donde comenzó la reforma con una nueva estructura agraria basada en el establecimiento de estancias. Más de una década después, el 2 de enero de 1813, el Consejo Municipal discute las ventajas de la demolición del hato comunero de la Marisma con los criaderos de San Vicente y Ceiba y la oposición de los dueños.[6] Entendían los concejales que el desmonte y el drenado del mismo favorecería la crianza y ceba de ganado y una alta producción de frutos que beneficiarían tanto a los labradores como al erario público.[7] (A partir de 1824 la producción agrícola y agropecuaria exhibe un aumento escalonado hasta el 1840). (El recetario de la década de 1850 evidencia el carácter tradicional de la gastronomía de la población.)
Dicho proceso de demolición de los hatos no tuvo efecto en el control del hato de Pugnado por Don Manuel Negrón Maldonado. Sin embargo, las presiones recibidas por la Tenencia á Guerra o por el Cabildo por terrenos baldíos en el sitio de Pugnado, después de la creación de la Junta de Terrenos Baldíos[8], tuvieron como resultado una investigación exhaustiva sobre la legitimidad de la posesión de los terrenos por dicha familia que permitió el establecimiento de pequeñas propiedades en los terrenos para los cuales no pudieron presentar evidencia sobre su propiedad.[9] Dicha disputa perduró durante toda la mitad de la centuria.
El 21 de marzo de 1821, el Alcalde Constitucional Don Francisco Antonio de Torres[10] presenta una relación de transacciones de ventas de estancias en el partido entre los años de 1783 y 1810.[11] Las quince (15) transacciones registradas se llevaron a cabo durante el periodo en que Correa [Ortiz] informa sobre la demolición de los criaderos de Almirante y Cabo Caribe y el agregado de estancias en las mismas. Lo que nos lleva a considerar la posibilidad de que las estancias referidas estuviesen localizadas en dichos barrios.
Con la reforma agraria que se inicia con la demolición de los hatos, se observa un aumento en la producción agrícola con una tendencia divergente entre la producción de cultígenos para la canasta básica y una producción para la exportación. A través del informe solicitado por el Gobernador y Capitán General Don Miguel de la Torre al Teniente á Guerra Don Manuel Joaquín de Navedo, con fecha del 10 de mayo de 1824, éste le informa que entre los frutos que “prosperan mejor” en el partido se encontraban el “Arroz, maíz, Platanos, café y tabaco.”[12] Ya se aprecia la siembra de dos de los cultígenos comerciales que predominarían durante la primera mitad del siglo.
[1] Abbad y Lasierra, Fray Agustín Iñigo.
[2] Miyares González, Fernando. Páginas 65-66.
[3] La capilla de la Virgen de los Dolores fue construida en la Catedral por el canónigo Don Juan de Ribafrecha entre los años de 1706 y 1713. Hostos, Adolfo de. “Historia de San Juan: Ciudad Murada. 1521-1898”. San Juan de Puerto Rico. Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1966. Página 321. “Escritura de $2500 de principal, á favór de la Archicofradía de Ntra Sra de los Dolores de cuyo redito está obligado Dn Manuel Negrón de Vega-baja. Anual 125 ps. 12 de octubre de 1784”.
[4] Carta del Teniente á Guerra Don Juan Correa Ortiz al Señor Gobernador e Intendente y Capitán General. 5 de octubre de 1800.
[5] De un ingreso total de 25 reales y 31 cuartos, los derechos reales aumentaron a 68 pesos y 3 reales. Idem.
[6] Discutir dueños y haciendas establecidas posteriormente.
[7] Acta del Cabildo del 2 de enero de 1813.
[8] Junta de Terrenos Baldíos.
[9] Ver estructura agraria de 1851.
[10] Don Francisco Antonio de Torre fue Alcalde durante el segundo periodo constitucional.
[11] Relación individual del importe de las ventas de estancias que se han hecho desde el año de 1795 hasta 1810. 21 de marzo de 1821.
[12]Noticia Yndividual que se dá á S.E. el Sr. Gobernador y Capn. General en virtud de la Circular No. 60: de 10: de Mayo de 1824 en vista de las relaciones Ympresas, que adjuntas S.E. se sirve acompañar resumiendo para el efecto las seis personas mas notables del vecindario; y de mayores conocimientos.
