Cesión de tierras locales y clasificación, por Carlos M. Ayes Suárez

Los suelos y su uso agrícola en los barrios rayanos: Siglo XIX.

     Distinto a los fértiles suelos aluviales de los barrios localizados en la Provincia del Llano Costanero, los suelos de los barrios rayanos, localizados en su mayoría en la Provincia del Carso Norteño, eran considerados como de baja fertilidad. Durante el transcurso del siglo diecinueve dicho criterio fue esgrimido como parte de las disputas territoriales que formaron parte del proceso de reestructuración territorial y agraria del municipio.

     El 13 de noviembre de 1820, al adjudicar una solicitud de terrenos realengos que hiciera el miliciano Tiburcio Narvaez en el hato de Pugnado, el Alcalde Constitucional Don Antonio Dávila Bonilla, luego de concederle su solicitud de 1 caballería (200 cuerdas) de tierra observa lo siguiente.  

“Bien favorable será a estos infelices que no poseen un palmo de tierra encontrarlo en este terreno que aunque no son de los mejores, á lo menos, producirán de aquellas plantas a que son susceptibles y los pobres tendrán de que valerse para contribuir las cargas que se les asignen…”[1]

     Si bien estaba convencido al alcalde de que los terrenos que se le estaban adjudicando al miliciano “no son de los mejores”, entendía más allá de que éste pudiera sembrarlos para alimentarse, que la producción que obtuviese le permitiría “contribuir las cargas que se les asignen.” La expectativa de las autoridades sobre el beneficio que esperaban en términos contributivos del reparto de terrenos baldíos, no ignoraba el hecho de que se trataba de una agricultura de subsistencia. Por eso es que sentencia el alcalde que “á lo menos, producirán de aquellas plantas a que son susceptibles…” Desde el primer periodo constitucional se planteaba la necesidad de imponer mayores contribuciones a los vecinos para aumentar las arcas fiscales del cabildo.

     Muchas décadas después, el 19 de junio de 1896, Don José Ramón González solicita un predio de terreno rústico de 200 cuerdas en el sector la Sabana del barrio Pugnado.[2] Como parte del expediente el peticionario les informa a las autoridades que “…por ser de inferior clase é inútiles para todo cultivo, fueron tasadas…á cincuenta centavos cuerda…”[3] Es decir, que la creencia de que los suelos de dicha región “no son de los mejores”,  había prevalecido a lo largo del siglo.

Si bien es cierto que los llanos arcillosos del Carso Norteño no eran considerados buenos para la siembra, los suelos arenosos de los barrios rayanos de Algarrobo y Yeguada eran considerados como improductivos. Como parte de la “Copia del espediente de demarcación de la línea divisoria de los territorios de Vega baja y Manatí”[4], el Coronel D. Tulio O’neill, Comandante del Departamento de Bayamón, observaba lo siguiente.

“…removidos los únicos inconvenientes que pudieran sobrevenir de esta innovación sin que merezcan atención alguna los escarnios exagerados con que trata la Junta de visita de Manaty de esforzar el mérito de los terrenos que se le segregan pues bien sabido que la mayor parte de ellos son arenales improductivos…”[5]


[1] Tiburcio Narvaez. Folio 2.

[2] Don José Ramón González. Del mismo expediente se desprende que existía la noción de que dichos terrenos habían pertenecido a las Milicias Disciplinadas del municipio.

[3] Don José Ramón González. Folio 2.

[4] Copia del espediente de demarcación de la línea divisoria de los territorios de Vega baja y Manatí. Legajo 1847. Expediente 4. Colección particular: Sociedad de Investigaciones Arqueológicas e Históricas Sebuco, Inc. (1847)

[5] Folio 45 vlto.

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