Obtención del favor público más allá de la voluntad del pueblo

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Lo que llamamos voluntad del pueblo presupone que todos los electores hábiles son los que eligen a los funcionarios públicos municipales, pero eso no fue así por mucha parte de nuestra historia vegabajeña. Los primeros electores eran mínimos, tenían que contar con recursos económicos, edad y propiedad. Y el sexo, como requisito adicional para votar no se resolvió hasta la década de 1930. Así que el mundo electoral era de varones mayores y de posición económica certificada.

Además de eso, los menos afortunados que luego obtuvieron el derecho al voto se les sustraía la voluntad por lealtad a sus patronos, a cambio de dinero o de alguna promesa futura. Los clanes leales bajaban a votar en bloque un partido determinado también, obligados por el jefe de la familia, por lo que era común presumir, como una fuerza política, de los votos de una familia.

El robo de las elecciones comienza con el robo de electores. Ahí es donde los partidos políticos comienzan a hacer su tarea. Esto en ocasiones es propaganda que se convierte en convencimiento de los electores, pero cuando hay prebendas, promesas y favores especiales a cambio de votos, la situación es otra, que comienza desde la moral del oferente y beneficiado y termina con la violación de reglamentos y leyes. ¿Cómo se da esa dinámica?

En las pasadas primarias del Partido Popular Democrático la candidata Madeline Pichardo Riestra afectó el sentido de seguridad y confianza del alcalde Marcos Cruz Molina. La respuesta al principio fue lenta porque aparentaba estar muy confiado de los resultados y de su aparentemente buena reputación en el partido y en el pueblo, dados los resultados de las últimas tres elecciones generales. No había, empero, una fuente de medición dentro del PPD porque nunca Cruz Molina se había sometido a una primaria interna. Al principio, el alcalde utilizó los medios de propaganda que había creado y los recursos del gobierno municipal para hacer campaña populista a su favor. Cuando sobrevino la veda electoral, comenzó su campaña como candidato, estableciendo un local que violaba la ley de permisos electorales y de uso y dentro de esa ilegalidad, lo inauguró y comenzó a usarlo.

Preocupado por el carisma e inesperada aceptación de la candidata retante, envió espías al entorno de acción de Madeline Pichardo Riestra. También comisionó a personas que lo apoyaban para que algunos de sus familiares «ayudaran» discretamente en la campaña de Pichardo pero con el propósito de que le informaran de sus estrategias y pasos. Apoyó junto a su jefe de campaña a la principal persona que se robaba o destruía las banderas y los anuncios de la rival y a la legisladora municipal que fue objeto de unas penosas apariciones y despariciones. Trató de prevalecer hasta el último día en que le advirtieron que si no arreglaba su deuda vencida de sanciones con el Contralor Electoral, no iba a ser certificado como precandidato a alcalde, por lo que el que intentó burlarse nuevamente de la ley, tuvo que hacer un plan de pagos que está cumpliendo.

Logró su propósito de ganar la contienda, pero no antes de mancillar el proceso electoral con otras estrategias que ya hemos tratado anteriormente y que no han sido refutadas.

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