
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
El personaje de La Comay regresa mañana lunes a las 5:55 de la tarde por el canal 11 de televisión. Hay una relación histórica en lo que hace y Vega Baja. Su homónimo vegabajeño, el teatrero y titiritero Mario Donate Mena ha expresado en varias ocasiones su pesar por la mezcla que hace Antulio (Kobbo) Santarrosa en sus parlamentos con su actuación.
De hecho, sabemos que Kobbo ha sido titiritero, pero no necesariamente trabaja como tal de acuerdo con la definición, cuando hace el personaje de La Comay. En ese momento es mas bien un actor disfrazado. Eso, desde luego, no menoscaba su presentación ya que es única en su género.
No tengo nada contra su arte. Interpreto su éxito y popularidad al paso de los tiempos que tiene tanto de positividad como de negatividad en sus atributos. Kobbo Santarrosa y La Comay son personajes históricos, por los muchos años que llevan en el negocio y la fama que lo han llevado a su logro económico y social.
En al aspecto confeso de productor de chismes que hace el personaje de La Comay no es pionero, pero uno de los mejores de la historia por la diversidad de temas, gestos, diálogos con sus contrapartes en sus programas e ingeniosidad en sus libretos. No ha sido un personaje estático, ha ido evolucionando a su paso. Antes estuvo Myrta Silva con su programa de Tita y Tápate con el seudónimo de «Chencha» y luego otros en Puerto Rico.
El 9 de septiembre de 2008 La Comay hizo fiesta con mi nombre y me divertí mucho con sus ocurrencias. En nuestro pueblo, Manolito Meléndez Eguía es su defensor número uno. Pero detrás de La Comay hay unos antecedentes importantes.
La historia de la nación puertorriqueña registra a Fray Iñigo Abbad y Lasierra, un monje de la secta benedictina de la Iglesia Católica que vino a San Juan en distintas funciones y fue catalogado de propagador de chismes. Así está consignado en documentos oficiales. Ese personaje escribió unas memorias que incluyen una descripción breve de nuestro territorio local.
Los que conocen la historia de José Gualberto Padilla saben que se destacó en Vega Baja y Puerto Rico por ser una persona seria y responsable. Pero un español desterrado por escribir chismes de la Reina de España, Manuel de Palacios, le dió por versificar falsedades y exageraciones de los puertorriqueños. Padilla, mediante versos, como lo inició Palacios, le contestó sus insultos con la misma o mayor intensidad que lo hizo el español. Eso, en su época, fue sensación en Puereto Rico, porque se hizo por partes en periódicos del país. El contenido de ese diálogo desafiante y responsivo se encuentra en el libro «Para un Palacio, un Caribe».
Los chismes políticos siempre han sido los más usuales en la historia vegabajeña. Antes, cuando no había Internet, se propagaban en hojas mimeografeadas o copiadas que se enviaban por correo anónimo, se repartían en sitios públicos o debajo de las puertas de las casas. Escritores como Agustín Alvarez Rodríguez le ponían picardía a sus escritos en prosa y verso en forma de burla sana de sus amigos, personajes públicos y opositores políticos, lo que hemos visto en el periódico Sucesos de la década de 1950 y en su obra Florecer de Recuerdos.
El chisme es definido como noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna.
Son sus sinónimos murmuración, habladuría, cotilleo, chismorreo, chismería, chismorrería, cuento, chisma, reporte,hablada, habladera, soplo, chambre, sacada, vinazo.
El chisme es un fenómeno social con el que hemos vivido y habremos de seguir viviendo. Se estudia en las universidades por el efecto que tiene en los países. En aquellos totalitarios puede constituir delito, pero en nuestro sistema de derecho es una de las muchas libertades de expresión que tenemos y el cual, con ese mismo derecho, lo podemos celebrar y disfrutarlo, tolerarlo o censurarlo.
