
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
El alcalde Marcos Cruz ha convocado para el acto de la colocación de la Primera Piedra del Parque de Pelota Doble A Carlos Román Brull.
El Parque Carlos Román Brull se construyó bajo la administración de Rafael Cano Llovio y su edificación original se terminó para las elecciones de 1972. Como el alcalde nació en 1976, no conoce o ignora esta historia y tal parece que su conocimiento de historia local sigue sin cultivarse. Así que la primera piedra real se colocó en algún momento en ese lugar entre las décadas de 1960 o 1970.
La única razón para colocar una primera piedra es captar la atención del electorado en año de política de que se está haciendo algo por esa edificación abandonada por la administración del actual alcalde desde los huracanes Irma y María. Recordemos que detrás del espectáculo «show off» [1] de Marcos Cruz Molina quien irónicamente ha cultivado su famosa frase de que un pelotero para destacarse no necesita de un parque. No podemos culpar al que no es historiador ni es deportista, sólo es alcalde.
El nombre original fue Parque Atlético de Vega Baja. Se concibió entre las décadas de 1950 y 1960 y se adquirió un terreno inundable entre la calle Julián Blanco Sosa y la carretera número 2, barrio Pueblo, antes Cabo Caribe. Allí no solo se usaba para los juegos de la liga AA de pelota, sino había una cancha de baloncesto en su lado oeste y se utilizaba para juegos atléticos de las escuelas, especialmente en el evento de «field day», actividades deportivas, sociales, religiosas y espectáculos.
Cuando habían eventos atmosféricos notorios, veíamos depositarse toda el agua de las escorrentías y cubrir el terreno de juego hasta la cancha de baloncesto. Era suficientemente profundo para que viéramos a nuestros amigos tirarse a nadar en la piscina improvisada.
El gobierno estatal decidió hacer allí la escuela Lino Padrón Rivera al noreste de donde estaba la Escuela Superior Brígida Alvarez Rodríguez, rellenó el terreno y un nuevo parque fue construido en lo que era un cañaveral en el barrio Cabo Caribe, al norte de la Urbanización Montecarlo que ya existía y el espacio antes ocupado por la vía del tren de Puerto Rico.
En ese terreno había estado el cementerio de los coléricos, cuando la enfermedad del cólera morbo mermó la población vegabajeña en el Siglo XIX. En su lado oeste se construyó luego el Cementerio Ojo de Agua.
La obra no es nueva como para poner una primera piedra. Este invento para jugar con la percepción del electorado es la médula central de este acto. No hay que leer las letras pequeñas de la historia para descubrir que esto es un fraude público con fondos de todos los ciudadanos.
Ayer tomamos a broma la actividad similar de la pista de Tortuguero y lo pasamos como Humor Vegabajeño como un asunto poco serio que raya en la ridiculez. Lo cierto es que nos tuvieron dos cuatrienios en vilo con una obra destruida a la cual no prestaron atención, porque a ellos no les interesa hacer las cosas en tiempo como debe ser, sino solo el anuncio en tiempo de oportunidad y pedir cuatro años más para hacer lo mismo. Pero siguen con la misma mojiganga sin que les de calor en la frente. Con eso insultan la inteligencia del pueblo.
Dicen por ahí que el pez que se trague esa carnada es otra clase de pe…
