
José Luis Martín Montes (1921)
(Publicado en Vega Baja, su historia y su cultura, Gobierno Municipal de Vega Baja, 1987)
Poseyó el grado de doctor en Filosofía y Letras, que obtiene con su tesis sobre La poesía de José Eusebio Caro, en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Este profundo estudio sobre el estilo del poeta colombiano fue publicado en 1966, por el conocido Instituto Caro y Cuervo de aquel país.
Otras obras de gran erudición de Martín Montes son: Análisis crítico estilístico de “La Sataniada” de Tapia; tesis de Maestría de la Universidad de Puerto Rico (1953), publicada luego en 1958; Crítica estilística (1973); su documentada Literatura hispanoamericana contemporánea, (1973) y La narrativa de Vargas Llosa (1974).
Su obra de creación literaria abarca la poesía, la novela y el ensayo. Se inicia con Psiquis (1938), obra breve, en prosa poética, con fuerte sabor a romanticismo; “lo que podríamos llamar un entretenimiento del corazón”,según afirma su propio autor en la misma obra. Sin embargo, ya se evidencia, a la temprana edad de 17 años, el maestro de la lengua y la riqueza imaginativa para una obra que, en la actualidad, trasciende hasta la literatura hispanoamericana y universal.
Otras obras en verso y en prosa comprenden los siguientes títulos: Meditaciones puertorriqueñas (ensayos, 1959); La ley del Karma (ensayos, 1959); Arco y flecha (crítica literaria, 1961); Romancero del Cibuco (poemas, 1970); El retorno (novela, 197l);Amanecer en la piedra (poesía, 1980), y Bomba de tiempo (novela, 1980).
En cuanto a su producción lírica, su Romancero del Cibuco, hasta el momento, es la de mayor trascendencia en el ámbito de este menester. Según el autor, es su libro “más abandonado cuando más querido”, publicado con un Pórtico de la Dra. Margot Alce de Vásquez. “La objetividad impresionista de la descripción – según la Dra. Arce de Vásquez -se atempera en el contenido lirismo con que el poeta nos descubre su apasionado amor a la tierra y a los valores del pasado”.
A orillas del Cibuco
— Visión—
(A: Fermín Arraiza, raíz de Vega Baja)
Cibuco lento, Cibuco,
Cibuco de Vega Baja,
junto a tus aguas verdosas
corre la voz de mi savia.
No te retires, Cibuco,
no huyas de la montaña
por esa cuneta verde
como una grieta del alma.
No te alejes de mis pasos
con el verde de tus alas,
fugitivo del destino,
fugitivo de la nada.
Tú temeroso te ahuyentas
de los cerros y las zarzas,
lisonjeas los bambúes,
y enamoras a las cañas,
mientras mi efigie se hunde
toda rota en tus entrañas
buscando las maravillas
de tu visión del mañana,
buscándolas muy adentro
de tus carnes desaguadas.
Quédate, ave, un momento,
a que escuches mi palabra;
mariposa de los valles,
siéntate a mi sombra larga.
Pero no atiendes, y corres,
y verde, más verde saltas,
y por tus aguas verdosas
corre la voz de mis savias.
Por tu puentecito viejo,
puente viejo de las vacas,
pasan carretas y carros
y tú nunca te quebrantas.
Por sus hierros apretados
el tiempo mudo desangra,
y tú corres soleado
como pájaro del alba.
Por tu puente nuevo y blanco
pasa la arteria más ancha,
pero tú desafiante
le das con desdén la espalda.
Conociendo tus anhelos
que buscan las lontananzas,
bajando del puentecito
mi cara mojo en tus aguas.
Siento tu sangría yerta
libertándome las ansias,
y veo tu gran destino
como un repicar de alas.
Todas tus vegas se llenan
al momento de esperanza,
y los dones de los cielos
urbanizan tus sabanas,
desde tu puente estrechito
hasta tu muerte en la playa;
desde tus lomas sureñas
hasta tus vegas más bajas,
desde tus centrales negras
hasta tu algarroba blanca.
Y las cumbres y las torres,
los tejados y campanas,
con una sed de más cielo
compitiendo se levantan:
más altas las azoteas
más altas que las montañas.
Veo colegios y fuentes,
paseos, calles y fábricas,
museos, aires, bahías,
más avenidas, más alma,
y tu cielo idealista
y tu gente remozada.
Tú en tanto sigues corriendo
verdosamente en tu cama,
por esa herida que nutre
el pecho de la montaña,
por esa herida sangrante
donde va hacia el mar la patria.
No te detienes, Cibuco,
no te detendrás mañana;
la vida sigue avanzando,
tú huyendo de la montaña,
mientras mi efigie serena
zabulle en tus lentas aguas
como pez que tembloroso
busca quietud en su casa.
Adiós, amigo del puente,
amigo de verdes ramas,
Cibuco, lento Cibuco,
Cibuco de Vega Baja,
junto a tus aguas verdosas
corre la voz de mis savias.
(Romancero del Cibuco, 1970)
