
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
A primera vista se ven bonitas e ingeniosas. El nombre que forman estas letras gigantes y el contenido pictórico de cada letra es inspirador. Pero para el ojo educado, es una obra antiestética, como otras de esta administración, porque no aprenden o por soberbia, no quieren aprender ni aceptan opiniones que no sean las de ellos al crear. Tal vez por eso, los vándalos atentaron contra el mural histórico que pintó Cajigas, las placas de bronce que se robaron en el Parque del Trío Vegabajeño y la administración no parece internalizar el daño que le hace a corto y largo plazo a la cultura vegabajeña.
Históricamente, Vega Baja se ha escrito de varias maneras. En escritos anteriores y en el libro Historia de los Vegabajeños: Ser Vegabajeño es un sentimiento lo expusimos claramente. «En los documentos de nuestra historia, principalmente en las fuentes primarias de los siglos XVIII y XIX, Vega Baja ha sido escrito de distintas maneras: junto como una sola palabra en Vegabaja, separado por un guión en Vega-baja y Vega-Baja y de otras formas, aun en los documentos oficiales». Pero desde que tenemos uso de razón y oficialmente como se ha adoptado y reconocido lo conocemos como Vega Baja. Así aparece en la documentación oficial del Siglo XX y XXI, en la distribución de barrios de 1956 y en la Constitución de Puerto Rico. Y si se escibieran las dos palabras juntas tendría que ser la primera letra en mayúscula y el resto en minúscula.
Nos dicen que el propósito era resaltar en cada una de las letras una ilustración que recordara a nuestro pueblo y que no cabían si se hubiera hecho con letras minúsculas incluídas. Me parece que una obra de esa magnitud no puede obviar las reglas del arte y el buen gusto y que eso es una excusa convenientemente formulada, pero equivocada. Eso no es barato producirlo y el querer magnificar un nombre no significa que es permisible cometer errores. A simple vista se ve que en el lugar donde lo colocaron había espacio de más, pudiendo extenderse las letras en minúsculas y darle más espacio entre la palabra Vega y Baja. Si hubieran reflexionado más, las letras tuvieran algún significado con las ilustraciones como la Casa Alcaldía en la «G» de gobierno y los paisajes en cada una de las «A» que pudiera significar ambiente. Faltó también por lo tanto creatividad artística con significado más allá de las hermosas ilustraciones.
Tan burdos son los errores cometidos que hasta humor vegabajeño espontáneo ha creado, cuando todos deberíamos sentir orgullo y satisfacción por una obra que enaltecería nuestro abandonado pueblo. Esto lo hemos señalado antes con varias obras públicas. Rótulos que no corresponden al lugar donde se colocan como el de una obra de Ojo de Agua que lee Jardines de Vega Baja, palabras que se colocan con tamaños incorrectos como Matinée en el Teatro Fénix y por ser una aberración histórica y funcional del edificio.
Y no dejemos de mencionar que en los retratos de los fundadores del Teatro Fénix no se han colocado los nombres de ellos, por lo que hace poco escuché un jóven, algo ignorante con razón, que preguntaba a sus padres quiénes eran esos viejos cuyos retratos o pinturas estaban en el lobby del Teatro Fénix porque no estaban identificados. En unos lugares faltan letras donde debe haberlas y en otros lugares se magnifican y se colocan incorrectamente. No hay prudencia, solo ansiedad de estar colocando cosas nuevas o recicladas para aparentar que se está haciendo obra cuando el resultado es una chapuza.
Maldito sea el tiempo de elecciones cuando no se piensan las cosas adecuadamente, no se consultan ni planifican adecuadamente y se hacen cosas a la ligera para provocar una percepción equivocada.
