
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Legalmente, no debiera haber fuego en el vertedero municipal. Antes lo hubo y primero, se le echó culpa a la combustión espontánea, la cual científicamente no existe, a los rayos del sol reflejándose sobre botellas que se recogían en la basura, a los jueyeros que iniciaban fuego en las madrigueras de los eventuales manjares, a combinación de factores químicos entre las basuras combinados con material inflamable y muchas razones más.
Lo cierto es que cuando aun no había vertedero, tan antes como en las administraciones municipales de Luis García Colón, José Cestero Guardiola y Angel Sandín Martínez se prohibió la quema de basuras especialmente en el área del pueblo debido a los incendios que hubo de viviendas y comercios y hasta se prohibió la construcción de hornos de ladrillos por esa razón.
El problema del humo en el pueblo se convirtió en un problema de salubridad en las administraciones de Rafael Cano y Luis Meléndez Cano debido a la ubicación del mismo en el barrio Río Abajo, donde hoy día está ubicada la parte sur de la avenida Trío Vegabajeño y la Urbanización Brisas del Rosario. La contaminación evidente motivó el cierre eventual del vertedero. En la edición 56 del semanario Taíno publicado en Vega Baja en enero de 1974 se informaba que el alcalde Luis Meléndez Cano estaba en negociaciones para comenzar de inmediato la tarea de su reubicación que cumpliera con todos los requisitos de la Junta de Calidad Ambiental. El Banco Gubernamental de Fomento daría un préstamo para conseguir un bulldozer para compactar y entrerrar los desperdicios. Eso «acabaría» con el humo que «envuelve a Vega Baja, perjudicando grandemente la salud de todos los que aquí vivimos».
En mis escritos titulados Limpieza Pública Local del mismo semanario en las ediciones 47 y 48 del mismo periódico, de septiembre de 1973, expuse varias informaciones relacionadas con la histoia de la limpieza local de Vega Baja. Escribía entonces por el doble filo del llamado progresos donde la amenzas a nuestros pulmones era mayor que en cualquiera de los tiempos de antes. Para 1841, las disposiciones oficiales hacían obligatorio para cada alcalde municipal a cuidar del aseo de su respectivo pueblo. Para entonces, el archivero no oficial de Vega baja, Jenaro Otero Campos y el suscribiente, encontramos material histórico sobre la limpieza en el siglo XIX, incluyendo una oferta de un camión de un catálogo de un camión tirado por caballos de la desaqparecida firma «Studebaker», aunque nunca hemos corroborado su adquisición por el gobierno municipal.
En 1912 hubo una campaña de limpieza en todo Puerto Rico donde se destinaba un día «cleaning up-day» para dedicarse a la completa limpieza del pueblo. El alcalde Luis García Colón envió un telegrama al gobierno central pidiendo que se permitiera la celebración a los vegabajeños el 20 de diciembre de 1912. Debido a que Corozal había solicitado esa fecha con anterioridad, hubo que posponerlo para otra fecha. Previamente el mismo alcalde había ordenado matar sesenta perros realengos y repartió arsénico entre los vecinos para matar las ratas de los alrededores.
El alcalde Jesús M. Armáiz aprobó una ordenanza municipal en 1933 que prohibía echar basura en las calles, patios y en los alrededores de la demarcación local. Los desperdicios domésticos había que colocarse en recipientes provistos con tapas, con sanciones penales por su incumplimiento. El alcalde Angel Sandín Martínez recordó esa disposición en una hoja suelta que hizo circular por el pueblo. En esa ocasión también adquirió un camión adicional y solicitaba la cooperación de los vecinos, la policía insular y la oficina de sanidad local para vigilar el cumplimiento de la medida.
Durante la administración de Rafael Cano hubo huelga de los empleados muncipales que recogían las basuras. El Nuevo Día del 16 de agosto de 1971 dedicó sus páginas centrales a la desagradable noticia. Cuando se nombró a Juan Rivera Torres encargado de la limpieza local, éste recordó, mediante una nueva hoja suelta, los deberes ciudadanos de la ordenanza de 1933.
Esto constituyó un issue de campaña para Rafael Cano en las elecciones de 1972. En el programa políico del Partido Nuevo Progresista de ese año prometía aumentar el número de camiones y la cantidad de obreros, establecer un sistema de doble turno para zonas rurales mas uno nocturno para zonas urbanas y haría gestiones para ubicar el vertedero, ya llamado popularmente como «crematorio» por los continuos fuegos y hubo que generaba.
El luego alcalde Luis Meléndez Cano y el Partido Popular Democrático en su «Programa de Acción» prometía eliminar el vertedero, adquirir más vehículos de recolección y reclutar más personal, extender el recogido de basura a sectores que no contaran con el servcio, instalar reipientes para el depósito de basuras en lugares estratégicos y adoptar ordenanzas municipales para reglamentar adecuadamente esos servicios.
No solamente se cumplió con la promesa programática, sino que también se hizo una limpieza general en los alrededores de la Playa Puerto Nuevo y se colocaron drones «recipientes» para el depósito de la basura de los visitantes, por primera vez en la historia.
La quema de cañaverales para aprovechar un mejor rendimiento de la azúcar era una realidad hasta los años sesenta cuando terminó la industriosa Central San Vicente de moler la caña. Eso nos provocaba también inconvenientes continuos especialmente en época de zafra con nuestros ambientes tiznados con la paja quemada y los efectos de calor y el humo.
Otra fuente de contaminación es la planta «jet» ubicada en la carretera número dos, al lado de las instalaciones de la Autoridad de Fuentes Fluviales, luego Autoridad de Energía Eléctrica y hoy LUMA. Nos dicen que está fuera de servicio y que a pesar de funcionar por muchos años contaminando también con ruido, espera una reparación y puede volver en cualquier momento. Cuando la colocaron sin permisos en esa zona, dijeron que Vega Baja nunca se volvería a quedar sin luz. Mentira de gobierno, ya que no era para el uso exclusivo de nuestro pueblo. Muchas veces la vimos en funcionamiento mientras precisamente en sus alrededores, el pueblo tradicional, Montecarlo y la Barriada Collazo estaban con apagones.
El fuego es el recurso natural que el ser humano ha apendido a usar artificialmente para hacer una conversión rápida y absoluta absoluta de la separación de los elementos químicos. Se utiliza para reducir restos humanos, animales y vegetales. Parte de la quema de materia orgánica va al ambiente en forma de gases, a veces nocivos y a la tierra, a contaminar con algunos metales. El resultado de ceniza es un polvo de color gris claro que queda después de una combustión completa, y está formado, generalmente, por sales alcalinas y térreas, sílice y óxidos metálicos, según lo define la Real Academia Española.
Hay fuego en el vertedero por cualquier razón, pero la razón no importa. Es obvio un acto de negligencia, indiferencia o intención al producirse las llamas, porque no hay razón legal que lo permita, sino que lo que hay, lo prohíbe. Con la experiencia que tenemos, no es excusable que habiendo un operador vigilante, se produzca esta situación y menos en fin de semana. Algo no huele bien pero no es sólo por el humo que se esparció en este pasado fin de semana.
