
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Con el tiempo he aprendido a distinguir verdades y aunque he escrito sobre esto anteriormente, hay que sumar la verdad política a las otras que he descrito que son la legal, la de los medios, la religiosa y la histórica.
Si aún no ha tomado la decisión por quién votar, está tarde para conocer quién o quiénes tienen la verdad política, porque esta semana que comienza hoy domingo, cubre toda la semana y termina el próximo martes 5 de noviembre, lo que escuchará y leerá son verdades sugeridas, mentiras a medias y sobre todo, desinformación. Recordemos primero que todos los políticos son vanidosos por naturaleza porque creen que son la mejor opción. Algunos puede que lo sean en algunos puntos, pero no en todos los detalles. Pero ellos tienen sus métodos para parecer bonitos, aunque sean feos.
Por eso, siempre tenemos que escoger al que más represente honestidad, coherencia en sus palabras y que vierta hechos ciertos y comprobables en su campaña. Ya lo dijo Jesús Manuel Ortiz, al que no le atribuyo muchos elementos positivos, pero fue certero al decir que ningún gobernante es perfecto. Lo mismo admitió en 2008, Luis E. Meléndez Cano, el alcalde más estimado de nuestro pueblo.
Cuando escogemos a un gobernante, legislador o alcalde tenemos que verlo desde la perspectiva global a la particular. Hay que ver sus antecedentes para encontrar liderato, buena conducta e integridad moral, posición económica cómoda que no tenga que ceder al pillaje ni a la corrupción y sobre todo, su grado de firmeza para trabajar los momentos de crisis.
Por la experiencia con gobernadores, legisladores y alcaldes insuficientes, sabemos que el factor de edad, madurez y sanidad mental tiene mucho que ver al momento de seleccionar a un candidato para que ocupe una función ejecutiva. E incluyo a los legisladores porque eventualmente también serán candidatos por liderear sus cuerpos legislativos o comisiones. Algunos como el senador Rubén Soto y el representante Edgardo Feliciano Sánchez han dicho por lo bajo que aspiran a ser alcaldes de Vega Baja, por lo que deben mantener su buena conducta social porque son ejecutivos en potencia.
Cualquiera de ellos tiene que mantener un temple de honestidad, inclusividad y antidiscrimen para poder ejercer sus oficios de manera plena. Esos que dan todo por ellos, por un partido, por sus creencias religiosas, preferencias sexuales, por sus grupos sociales y otros menesteres, son buenos en esas áreas, pero no son buenos para ponerlos al frente de nada. El prejuicio precede al juicio y ya saben ustedes el problema que desde ahora hay con el diseño de Donald Trump para el futuro de Estados Unidos como lo hubo bajo su incumbencia con el llamado a la insurrección del 6 de enero de 2021.
El que elijamos debe, primero que todo, tener una visión de mundo. Todo lo que nos pasa en Vega Baja tiene una influencia y rebote con lo que pasa en el planeta. El candidato tiene que estar preparado para cualquier crisis, sea de comida, energética, de suministros, de la naturaleza, cambios políticos o de las guerras. Eso sin contar los asuntos cotidianos y permanentes como son mantener las carreteras y calles por todo un cuatrenio en buenas condiciones y proveer espacios y servicios constantemente. Para eso, tiene que haber firmeza de carácter y saber enfrentar la adversidad como una posibilidad constante, que no se amilane en situaciones depresivas y que pueda superar con planes alternos la realidad evidente.
La calidad del candidato se va viendo en su éxito personal en asuntos íntimos primero, como la constitución y mantenimiento de una familia estable, de haber alcanzado ocupaciones o profesiones de servicio y de su ejecutoria en el mundo privado y público y de un historial limpio en el manejo de los recursos propios y los ajenos. Hernández Mayoral se separó de la política cuando no tenía esa estabilidad en sus asuntos personales, se decía que, si no podía manejar el pago mensual de la factura de energía eléctrica de su oficina legal, no era viable como candidato a ninguna posición. Y alegando enfermedad de su hijo, solo se presenta a opinar en programas de radio y televisión y a escribir temas como el de la historia de los cines, que no tenían nada que ver con política.
Acevedo Vilá no fue convicto por los delitos que se le imputaban, pero no ha podido obtener posiciones públicas desde que dejó la gobernación. Algunos dicen que es demasiado mañoso. Ricky Rosselló consiguió ser delegado sin postularse oficialmente y casi por control remoto viviendo fuera de Puerto Rico, pero hay dudas si volviera físicamente a postularse para algo pues levantaría objeciones. Los mismos suyos en el Senado y la Cámara de Representantes, amenazándole de un juicio de residencia, fueron la causa de su renuncia y pueden ser su piedra de tropiezo en el futuro.
Afortunadamente, ninguno de éstos últimos tres se postula. Pero hay muchos otros carreristas políticos en todos los partidos y fuera de partido que son los mismos que nos han fallado anteriormente. De hecho, uno que no se ha postulado anteriormente es José Pablo Hernández Rivera, hijo de Hernández Mayoral y nieto de Rafael Hernández Colón. Su presentación pública en sus primeras apariciones fue como el nieto del prócer, pero cuando ya la gente lo está conociendo por sus propios méritos, surge como un candidato de mucho conocimiento, aunque todos sabemos que no aspiró a gobernador por no tener la edad reglamentaria y que eso es lo que tiene como meta ulterior.
A la usanza de Luis Muñoz Rivera y Luis Muñoz Marín y Pedro y Ricardo Rosselló. Va a Washington sin una postura del estatus de Puerto Rico, a ningunear y con la mano extendida a pedir más que lo que le dieron a cualquier Comisionado Residente anterior. No hay otra promesa de su boca, ni ninguna en la que no se pueda interpretar eso. Y esperemos que, si llegara a ser Comisionado, esté más en Puerto Rico que en la capital federal porque su verdadero interés no está en el «exilio político», como le llamaban anteriormente a ese cargo.
El Dr. José Antonio Vargas Vidot es otro de los senadores que busca otro término, pero anunciando su aspiración desde ahora de que en 2028 va a buscar el cargo de gobernador. Eso es anticipar mucho ruido para un llanero solitario que no tiene partido, movimiento ni proyecto, que es por donde se empieza a planear un futuro político. Me parece que es una idea muy pretenciosa y que pudiera incluso acabar con el apoyo que ha tenido para llegar a ser senador. Y solo escribo lo que me parece desde el punto de vista político, porque en lo personal creo que para representar un sector ha sido respaldado y eficiente, pero un sector no es lo mismo que una organización política.
Como no soy candidato a nada, ni tengo partido ni candidato político al que apoyar con los ojos cerrados, soy responsable de mi opinión y no de la desinformación política de los candidatos.
