
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Los partidos y movimientos políticos tienen sus reglas. Y todo acólito debe seguirlas para poder continuar dentro de estas organizaciones. No debe haber duda en cuanto a eso. Pertenecer a una membresía supone una lealtad mutua, nunca pasar la línea en algunos aspectos de la suficiencia o del exceso.
En Puerto Rico, todos los partidos y movimientos políticos han hecho admisiones y exclusiones de hecho o de derecho cuando ha habido desacuerdos entre sus líderes. Cercano a las elecciones, es usual ver que personas de uno anuncian voluntariamente que se pasan al otro bando. A veces, las exclusiones son involuntarias, mediante condenación pública a alguien al que se crea desleal. Y decirle traidor, es el mayor epíteto negativo que se puede decir de alguien que durante mucho tiempo permaneció militante y leal.
Las razones para las exclusiones son variadas. Desde posiciones encontradas dentro de la administración e idealismo de una institución, pasando por el apoyo moral a personas de posiciones ideológicas distintas hasta la asociación en actividades públicas o privadas a miembros en sus funciones públicas en las funciones ejecutivas o legislativas.

Los mayores «traidores» de la historia puertorriqueña y vegabajeña nunca dejaron de ser exitosos. De hecho, muchos de hechos trascendieron en importancia cuando se movieron de su grupo y fueron parte o fundaron otro. En Puerto Rico, Luis Muñoz Marín anduvo de partido en partido, buscando el punto revolucionario o conservador adecuado a su propósito personal, descubriendo a su paso nuevos caminos en su vida política.

Su discípulo mayor, Roberto Sánchez Vilella, siguiendo los pasos de su maestro y ante la censura expresa y la imposibilidad de continuar siendo el primero, pero virtualmente el segundo bajo la bota política de Muñoz, dividió el Partido Popular en 1968, dando paso a que otro «traidor», Luis A. Ferré Aguayo, ganara las elecciones en ese año, creando la alternancia de los partidos y el sistema bipartidista de poder constitucional y municipal balanceado. Recordemos también a los disidentes del Partido Nuevo Progresista cuando hubo la escisión del Partido de Renovación.

En Vega Baja fueron «traidores» el primer alcalde de Vega Baja por el Partido Popular Democrático que pasó del Partido Liberal y Rafael Cano Llovio que pasó al Partido del Pueblo después de haber sido asambleísta municipal y alcalde por el PPD. Muchos de los candidatos de todos los partidos, también se les acusó de eso, especialmente a los estadistas que pasaron del Partido Estadista Republicano, del Partido Popular Democrático y del Partido Independentista al Partido Nuevo Progresista en 1968 y 1972 y en la década de 1940 a los que pasaron del Partido Popular Democrático al Partido Independentista Puertorriqueño como Manuel (Neco) Arraiza, quien era presidente de la Asamblea Municipal de Vega Baja en su primer cuatrienio.

No podemos olvidar a otro «traidor», el Dr. Rafael Arrillaga Torrens. A principios del primer cuatrienio después de haber ganado el Partido Popular con una mayoría sustancial, aun no era suficiente para echar adelante la obra que Luis Muñoz Marín había diseñado para Puerto Rico. La Cámara de Representantes estaba dividida y necesitaban un voto para aprobar la legislación adecuada. Muñoz hizo una exhortación de ayuda de algún legislador electo que no fuera popular en una transmisión radial y el Sr. Arrillaga, que había sido electo por el distrito representativo que incluía Vega Baja, por el Partido Socialista y que residía en nuestro pueblo, accedió a ser esa persona y a presidir desde entonces la Cámara de Representantes.

En Vega Baja, la última “traidora” dentro del Partido Popular localmente (antes fueron otros como Neco Arraiza, Agustín Álvarez, Audelí Rivera y el Lcdo. Bautista de la Cruz Sierra), ha sido la abogada Madeline Pichardo Riestra, quien cometió el “error”, como algunos sostenían, de retar al alcalde quien tenía “una buena obra” y que “había ganado consistente y en alzada constante”. Trataron de impedirle que fuera candidata y por poco sin que se queda sin ser candidato fue el propio alcalde y presidente del Partido Popular en Vega Baja y por los resultados en las últimas elecciones, parece que ha perdido algo del favor público. Esto apunta alguna declinación en la estima del pueblo y un conocimiento general de que no es tan bueno ni tan perfecto como se había proyectado por los medios publicitarios y sus acólitos hasta el momento. No hay acción sin reacción y siempre hay al menos dos maneras distintas de mirar a las personas y sus ejecutorias. Este año se desató el nudo que detuvo el tiempo por doce años y si se sigue en esa manera de dirigir el partido y el pueblo, puede haber soledad en adelante.
La lealtad que un partido o movimiento político, como hemos dicho, tiene líneas definitorias. Está en la conciencia de cada persona pensamientos distintos a las de su organización. Cuando se exteriorizan, se demuestra la honestidad o la hipocresía individual del político luchando primero dentro de su institución sus diferencias antes de irse a la palestra pública a expresar sus diferencias. Nunca debe castigarse por lo que diga o haga, pues el ser humano es voluble, receptivo a nuevas ideas y tiempos y una posición que sea criticado puede ser la punta de lanza para nuevos paradigmas aun dentro del grupo donde se tenga por «traidor». A veces los «traidores» se quedan solos, pero a veces se convierten en héroes y personas principales de la política de nuestra nación y de nuestro pueblo.
Los partidos deben ser abiertos. El Partido Popular, que pasa por esa crisis que tiene su origen en el latín que llaman «numerus clausus» tanto en el nivel estatal como en el local de parte de los líderes que quieren asegurar el poder, por creerse dueños de este, puede abocar a esa institución, la más antigua en vigencia, a una declinación y desaparición definitiva, pues los líderes que se excluyen siempre tienen sus propios acólitos, simpatizantes y personas que los estiman y puede considerarse una injusticia, un prejuicio o en ocasiones, hasta un juicio equivocado.
Cuando se va uno, otros le acompañan y encuentran casi siempre razones para sobrevivir en los demás movimientos y partidos. Así se ha escrito la historia del mundo y de los partidos y movimientos políticos siempre.
