El destino de Vega Baja

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

El destino de todo depende del presente. El pasado es la referencia, pero está siempre en el hoy para enmendar nuestros errores, planificar lo bueno y lo nuevo y forjar, como los herreros moldean el metal, todas nuestras aspiraciones para el futuro.

Ningún político preguntó qué es lo que aspiramos. Los americanos, por nuestra relación política con Estados Unidos, solo nos imponen lo que sobra de bienes y servicios. Para ellos, no somos prioridad. Nuestros dirigentes de gobierno replican lo que se hace allá, generalmente con el dinero y las instrucciones que reciben. La parte que aportamos con nuestras contribuciones está tan comprometida, que en realidad no nos pueden ofrecer mucho. Mejor callan y se ensordecen en lugar de escuchar nuestras ideas.

Los representantes distritales trabajan para ellos, para renovar su término y tener ese empleo bien retribuido y privilegios que los demás no trabajan. Solo proyectan para los pueblos de su propio partido, como si el progreso dependiera de rascar las espaldas de los alcaldes para que después rasquen en agradecimiento la de ellos con el reconocimiento y endoso en tiempo de elecciones.

La solución que me viene a la mente que es la de limitar los términos de los cargos públicos, fue derrotada por la ciudadanía cuando el gobernador Rossell la propuso. Ya estamos cansados de la frase de que necesitan otro cuatrienio para acabar su obra. Así, que el futuro no cambiará. Tendremos muchas de las mismas caras, como dice la canción en el mismo lugar y con la misma gente.

Una de las leyes de la naturaleza, dictadas por Dios, es el movimiento. Mi amigo Diosdado Cano, en doble sentido y tono malicioso decía que «el que no se mueve, no goza». Cuando las fuerzas de cambio no llegan, el espacio no es ocupado por la nada, sino por otra fuerza más potente que la que pudo venir para hacer el cambio. Eso no es invento mío, es ciencia física aplicada. No me crean, lean a Einstein y otros que sabían más que nosotros.

Lo que llamamos materia muerta, no lo es, sólo está en evolución. Cuando nacemos con lo que no podemos ver y apenas sentir, se va formando una criatura con unos procesos químicos y físicos que forman al ser humano en una ascendente transformación y siguiendo también las reglas de la naturaleza se queda eventualmente sin fortaleza física y pasa por la transición.

Y decimos transición y no muerte porque no es el fin de todo. Sus compuestos se van descomponiendo hasta que se convierten como elementos como todo lo demás mediante la desmagnetización y entonces comienza el mismo proceso que trae lo que llamamos vida, ya sea microscópica, celular, vegetal o animal de cualquier otra, porque hasta los minerales tienen movimiento atómico.

Por tradición, los próximos cuatro años deben ser de poco movimiento en Vega Baja. Se debe acabar el relleno de bitumul, las inauguraciones y reinauguraciones, los recuerdos de que hace poco tiempo eso se hizo, los bailes y los bautismos de muñecas con los que nos quisieron dormir en el año electoral.

Quizás las viejas ideas de los últimos doce años de administración no nos hagan parpadear cuando se logren, porque hemos esperado movimiento real y solo fuerzas menores han ocupado el espacio de la historia. Lo demás ha sido hojarasca, información a medias para pretnder quitarnos la somnolencia de un pueblo que pudiera estar teniendo un movimiento más acelerado y de llegar a unas metas más altas.

Perdonen mi pesimismo, pero a fuerza de una administración que se ha posesionado del centro de todo y excluyendo las ideas de los ciudadanos, debe estar a punto de implotar porque el que mucho abarca, poco aprieta.

De mi pensamiento pesimista sobre lo pasado y lo presente, voy al optimismo del futuro, porque se que el alcalde empieza a ponerse viejo y caduco por tener ideas tradicionales ya en desuso y se que no hay mal que dure cien años. El puede enfermarse y hasta morirse, lo que no deseo. Prefiero que siga depresivo, viejo y jodón, pero que su familia no le falte, porque son gente buena, como lo es el en su interior como ser humano.

Lo primero que debe quitar el alcalde y a su grupo es la barrera de odio, de exclusión y de apartheid que tiene en sus ejecutorias. A una persona que representa tantas minorías y que ha sido de esas minorías, no le conviene ese camino.  Ese es el problema mayor que él mismo ha creado y del cual tiene que salir por su propia decisión si quiere ser recordado más allá del autobombo y los logros a medias que ha creado hasta el momento. El que mira más allá de la superficie de su legado, se da cuenta fácilmente de que la zapata es de barro. Si tiene de nuevo la continuación de su poder administrativo, no puede dejar para mañana el crear puentes de reconciliación, porque las personas no son cosas.

El tiempo pasa rápido, hasta para los poderosos. Tenga la certeza de que el destino, el que sea, llega. Esa es otra ley de la naturaleza y la física.

Deja un comentario