
Por Herminio Marrero
Iniciando la Intermedia en grado séptimo era el año 1963. Un mes más y terminarían las clases del primer semestre en la escuela Ángel Sandín Martínez de Vega Baja. El nivel elemental lo había cursado en la José Gualberto Padilla.
El hijo de doña Modesta y don Herminio cobijado por bendiciones dejaba el hogar en el Ojo de Agua para dirigirse hacia escuela. Era viernes 22 de noviembre un día como otro cualquiera. El horario de clases 12:30 a 5:30 PM.
Temprano dije presente en el comedor escolar. El principal el Sr. Martínez en unión al Sr. Rey daban rondas por alrededores del plantel para garantizar la entrada de estudiantes a salones. Allí a primera hora estaba maestra de salón hogar erguida con típico uniforme de niñas escuchas que dirigía. Era la Srta. González de Estudios Sociales.
Por alguna razón, la clase no se desarrollaba como de costumbre. La maestra con estilo de trabajo líder autoritario se veía triste. Afectada compartió con el grupo su honda pena. El Presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy había recibido balazos en Dallas, Texas. Su condición de gravedad no se conocía con certeza. Parecía que el entorno natural sentía un dolor venidero. El sol no brillaba. Desde el cielo las nubes heridas dejaban caer sus llantos.
Las clases se tornaron en recuerdos de visitas del Presidente John F. Kennedy a la Isla. Esa tarde de regreso a hogar mis padres y hermanos en silencio frente al reciente televisor comprado veíamos las noticias de aquel lamentable suceso.
Los siguientes días vendrían cargados de imágenes del funeral de quien aspiraba reelección a la presidencia de los Estados Unidos.
