
Lo vegabajeño
Ningún gentilicio define nuestro origen. Un gentilicio como vegabajeño sugiere un puertorriqueño de la Vega Baja. El vegabajeño, como el puertorriqueño, están perfectamente identificados en el mundo. No hay otros seres humanos que se llamen así.
Vega Baja es un nombre de un lugar. Vegabajeño es un gentilicio. Pero vegabajeños no son solo personas, sino también cosas y hasta animales. Es también un adjetivo y un adverbio que se convierte en verbo.

La Enciclopedia Espasa-Calpe de España originalmente definía a un vegabajeño como residente de Vega Baja, Puerto Rico. En una edición posterior, extendió su versión a aquellos que nacían o residían en nuestro pueblo. Esa definición es incompleta de su faz. La explicación nos la ofrece la historia.
La palabra vegabajeño no aparece hasta las primeras décadas del Siglo XX, pero eso no significa que el ser vegabajeño no existiera.
Antes de la colonización, bajo los aborígenes, fuimos parte de la región conocida como Sebuco y luego de la isla de San Juan, que se convirtió en Puerto Rico. Pertenecimos a la parte occidental cuando la isla se dividió en dos jurisdicciones, correspondiendo entonces al Partido de San Juan. Luego se creó Arecibo en el 1614 al cual pertenecimos, al igual que al área de Manatí, fundado en 1738. En algún momento existió Las Vegas hasta que se dividieron en la Vega Alta y la Vega Baja.
Desde antes de la fundación de nuestro pueblo que tradicionalmente se ha establecido en 1776 pero que otra teoría lo ubica posteriormente, Vega Baja contó con residentes que lucharon por establecer el centro del pueblo con unos parámetros no muy bien definidos entre otros pueblos circundantes.
Tal parece que las decisiones de fundar pueblos estaban matizadas por intereses económicos y de poder particular que se movían para cambiar el mapa de Puerto Rico, por lo que Vega Baja no fue la excepción. Los terratenientes forjaron el lugar que comenzaría a ensayar un tipo de democracia a partir de la Constitución Española de 1812 y de la elección del primer alcalde y Concejo Municipal. Ese poder del pueblo estaría intermitente durante parte del Siglo XIX.
Pudiéramos creer que fueron vegabajeños los primeros que se interesaron, defendieron y lograron nuestra separación municipal y tener razón. Lo cierto es que el gentilicio vegabajeño no aparece en documentos hasta el Siglo XX.
Este se mencionó en una carta del vegabajeño Pedro Regalado De Diego González dirigida a la dama Inés Navedo de García, pero lo reclamó como nombre artístico para siempre Fernandito Álvarez en su Trío Vegabajeño desde 1935.
El deporte también sirvió para propagarlo, como lo ha descubierto el historiador Wilhelm Hernández por medio de su estudio de periódicos y revistas desde principios del Siglo XX y el trabajo inédito de José Manuel Portela “Breve historia del comienzo del béisbol en Vega Baja y sus protagonistas”. Será posible trazar su verdadero origen cuando se investigue cómo fue aceptado e incluido en algunos diccionarios.
Ángel Manuel (Cucho) Piñeiro era dueño de una pizzería y una planta de hielo. En la parte posterior de sus vehículos comerciales tenía impresa la frase «ser vegabajeño es una profesión». No estoy seguro del sentido en que se decía esta frase, pero profesar es tener o mostrar un sentimiento o una actitud hacia alguien o algo. El amigo Cucho estaba claro, ser vegabajeño es un sentimiento.
José Gualberto Padilla nació en San Juan y fue uno de los vegabajeños mejor recordados del Siglo XIX. En el siguiente siglo los buenos vegabajeños José Cestero Guardiola (alcalde 1921 a 1932) y Manuel Vélez Ithier (Asambleísta Municipal y Representante a la Cámara) no fueron nacidos en Vega Baja. Mi padre, Thomas Rosario Flores, tampoco. Pero nadie duda de que son vegabajeños en el mejor sentido de la palabra, por todo lo que hicieron por los vegabajeños.
Varios años atrás, la rama legislativa vegabajeña reconocía a personas nacidos en otros pueblos que se destacaban localmente y los nombraba como «vegabajeño adoptivo». Debido a la ausencia de facilidades hospitalarias, nuestros últimos alcaldes y muchos de los ciudadanos locales prominentes no nacieron en Vega Baja.
No haber nacido en Vega Baja o haber nacido aquí no define a un vegabajeño. Trina Padilla de Sanz, aunque nació aquí, mantuvo su relación con los vegabajeños y aquí la consideraban como tal por ella haber hecho su vida social y cultural en Arecibo y se sentía como tal, por lo que fue excluida expresamente por el autor Julio Meléndez en la obra Literatura Vegabajeña. Descubrí, empero, que una persona puede sentir pertenecer a más de un pueblo y en ese sentido, debemos considerarla vegabajeña. En el asunto de Trina, ella está hasta incluida en el mural de la historia vegabajeña pintado por Luis Germán Cajiga, ubicado en la Casa Museo Portela.
Un ejemplo de “doble ciudadanía” ó doble gentilicio” es que en la esquela del dinámico cubano Carlos Arnal, quien vivió entre nosotros, se escribió que había nacido en la Cuba que no olvidaba, pero que se sentía vegabajeño.
Interpreto que «Cucho» Piñeiro en su frase “ser vegabajeño es una profesión” quiso decir que ser vegabajeño es un sentimiento de amor y de pertenencia. No es el principio ni el final de la vida lo que determina un gentilicio, es la vida misma que nos lleva por caminos de interacción con otros seres humanos y un ambiente con el cual nos identificamos.
Si buscamos definir lo que hace a un vegabajeño, como hemos dicho antes, lo mejor es examinar su corazón. Ahí es donde lo encontraremos, porque ser vegabajeño es un sentimiento.
Curso del Diplomado en Historia Vegabajeña de la Escuela de la Historia Vegabajeña, Introducción a la Historia Vegabajeña Primera Parte: Definiendo a Vega Baja y los vegabajeños el 8 de junio de 2019.
