Anécdotas y leyendas Vegabajeñas (1-5)

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Anécdotas y leyendas vegabajeñas#1: Ava Gardner y el dueño de la Central San Vicente.

Ava Gardner

El cotilleo de hace muchas décadas atrás (posiblemente a finales de los años 50), ubicaban a la actriz Ava Gardner de Hollywood en una relación amorosa con el Sr. Manuel González, dueño entonces de la Central San Vicente. No hemos podido establecer ese vínculo en esa manera, aunque es posible que se conocieron porque aparentemente, ella visitó Puerto Rico.

En el siguiente podcast publicado en You Tube, el profesor universitario Alex Rosado hace una entrevista a Jimmy Rosario, mi padre, sobre su obra sobre la Central San Vicente y su gestor Leonardo Igaravidez en distintos aspectos de la historia del primer ingenio moderno de Puerto Rico.

Anécdotas y leyendas vegabajeñas #2: Victor Rosario Cordero en la creación del Hospital del Maestro.

Víctor Rosario Cordero fue tal vez el primer miembro de mi familia que residió en Vega Baja. Era mi tío abuelo y vino a nuestra ciudad como maestro de artes industriales en la Escuela Padilla. Allí se destacó no solo en la educación, sino en el deporte, política y periodismo. Llevó a un equipo juvenil de la escuela Padilla a ganar un campeonato estatal en 1920.

Se casó con Eloísa (Lila) Miranda y tuvo un hijo con su mismo nombre que estudió medicina en Italia y luego fue director de hospitales y creó el Hospital San Cristobal en el area sur de Puerto Rico.

Como miembro de los cuerpos organizados de maestros fue un adalid de la Asociación de Maestros de Puerto Rico siendo su secretario de la Junta de Directores y la de retiro hasta su muerte en 1956.

Aunque no llegó a la inauguración del Hospital del Maestro en 1959, porque tuvo un accidente automovilístico en la tormenta de Santa Clara, su nombre fue incluido en una tarja de los fundadores del hospital a la entrada del mismo. Mi padre rescató esta foto de la boda de su tío Victor Rosario Cordero y Eloísa Miranda Lafaye, celebrada el 24 de diciembre de 1924 en Vega Baja.

Víctor nació en Barceloneta el 3 de febrero de 1901 y murió en 1956. Fue educador en Vega Baja, deportista, periodista cronista radial y líder cívico. Su nombre lo lleva también un parque de Rio Piedras y fue fundador del Hospital del Maestro en Hato Rey donde nacieron mis primeros tres hijos. En Vega Baja también se le recuerda en una tarja como parte de un equipo estudiantil ganador de Puerto Rico en baloncesto en el Salón de la Fama del Deporte Vega Baja Melao Melao y aun existe el bello trofeo centenario que ganaron los estudiantes vegabajeños..

Eloísa, conocida por «Lila» nació el 25 de octubre de 1900 en Vega Baja y falleció en 1991. Era hija del industrial Eladio Miranda Negrón y su esposa, Julia Lafaye Rodríguez. Su boda el 24 de diciembre de 1924 fue oficiada por el párroco, Padre Esparta. Ellos procrearon un solo hijo, Victor Rosario Miranda (Vicky).

Anécdotas y leyendas vegabajeñas #3: Retribución divina para el Dr. Fructuoso Sánchez Castaño.

El Dr. Fructuoso Sánchez Castaño fue una figura importante para el desarrollo económico, deportivo, de salud y para la creación de asociaciones sociales en Vega Baja. Aunque no nació aquí, llegó en 1932 para ejercer la medicina y fundó una clínica y luego la Clínica Sánchez Castaño en la calle Betances. Fue declarado hijo adoptivo de Vega Baja y bajo la administración de Luis Meléndez Cano se le rindió un homenaje póstumo.

Escribe su biógrafo Luis de la Rosa Martínez que «jamás ejerció su profesión con miras a lograr una remuneración económica y que practicó la medicina con el más elevado espíritu humanístico».

Tal vez por eso fue que al final de su vida, dicen que estaba lleno de deudas, pero que una jugada en la Lotería de Puerto Rico le agració con el premio mayor y pudo ir a cada uno de sus acreedores y saldar sus deudas, en retribución divina a una vida generosa.

Anécdotas y leyendas vegabajeñas #4: La participación como historiador del exalcalde Luis Meléndez Cano en la producción de la “Leyenda de la China” y en otras instancias

En el resúmen de 1973 escribí en el semanario TAINO que el alcalde Luis Meléndez Cano era un historiador. Me basé en su interés por la ciencia social de la historia y su atención a los detalles del pasado de nuestro pueblo, lo que culminó en sus propias colaboraciones de los proyectos históricos de los historiadores de Vega Baja en aquel momento, con un interés continuo, más allá del político del joven farmacéutico y comerciante.

El realmente estuvo vinculado a la historia de Vega Baja desde un principio de su gestión pública y todavía, a su avanzada edad pero claro pensamiento, sigue comunicándose conmigo para consultar sus proyectos personales de seguir dotando a nuestra ciudad de nuevos temas e investigaciones.

En toda su trayectoria como alcalde propició investigaciones y escritos históricos por empleados municipales con conocimiento y otros privados y facilitó con un grupo de ciudadanos de diferentes ideologías la celebración de nuestro bicentenario en 1976 y la consecución del libro “Vega Baja, su historia y su cultura”. Además de eso, todos los años producía con sus colaboradores un programa de fiestas patronales y un “libro del año” repleto de biografías, eventos y reconocimientos a los vegabajeños.

La Escuela de la Historia Vegabajeña lo reclutó en varias ocasiones para contarnos sus experiencia personales y administrativas por su larga vida y conocimiento de primera mano de nuestra ciudad. Una de esas ocasiones fue cundo bajo la dirección de Edgar Freytes y José Luis Maldonado Quirindongo que produjimos en 2018 la “Leyenda de la China”, donde no solamente buscábamos exponer el aspecto de lo que decían que había ocurrido, sino la historia detrás de esos inexplicables sucesos que alegaban conductores que ocurría en el sector Cayures del barrio Cabo Caribe.

Allí se alegaba que una mujer, de apariencia oriental, a quien llamaban “La China”, se aparecía a la vera de la carretera 686 y cuando los conductores la recogían en tiempos en que el “pon” era usual, ella desaparecía del vehículo, sin haber ninguna otra explicación.

Hay quien lo explica diciendo que era usual que en la noche, particularmente, los conductores estaban intoxicados por el alcohol y no podían explicar racionalmente lo que ocurría.

Pero hay otras versiones y Luisito Meléndez, luego de investigar y recordar su propio conocimiento, nos ofrece una explicación racional y otra versión “espiritual” interesante.

En síntesis, nos dice que en el lugar de referencia residía una dama de nombre Celestina de Jesús, proveniente de Ciales, quien se casó con Roque Cruz con quien tuvo varios hijos, entre ellos, una mujer a la que llamaban “Baroa”.

Es posible que a Celestina le llamaran “La China” derivado de su nombre de pila Celestina o que en realidad de descendencia oriental. Era una mujer muy hacendosa. En tiempo de zafra, vendía café y pan a los trabajadores de la caña y era la curandera del barrio.

Se dice que su hija Baroa nunca se casó, pero vivió enamorada del hijo del mayordomo de la finca y que cuando falleció, “su alma en pena por no haber logrado su sueño de casarse con el hijo del mayordomo” hacía que apareciera y desapareciera como se ha dicho dentro del imaginario del pueblo.

Esto se convirtió en leyenda, pero lo cierto es que estas damas son las antecesoras de una familia muy querida en Vega Baja, a la que se les conocía como “los chinos” y que muy bien explica el exalcalde Meléndez Cano en su exposición, incluida en la segunda parte del documental de la Leyenda de la China.

Les exhorto a ver este corto metraje hasta el final.

Anécdotas y leyendas vegabajeñas #5: José Francisco Náter, el alcalde que firmó una ordenanza municipal para perpetuar su propia historia.

Vega Baja ha tenido al menos tres alcaldes farmacéuticos. Los tres fueron, dentro y fuera del poder, personas generosas y sensitivas a los ciudadanos. El primero fue José Pastor , varias veces y años en el cargo a finales del siglo XIX, luego José Francisco Náter González a principios del siglo XX y finalmente Luis E. Meléndez Cano, de 1973 a 2005.

José Francisco Náter González fue un farmacéutico de comercio activo como los demás en la primera farmacia que se estableció en 1873 y cuyo edificio aun está presente en la esquina Betances calle Manuel Padilla Dávila de Vega Baja. Antes de alcalde fue un ciudadano activo en la energía vegabajeña colectiva junto a una élite para que el pueblo pudiera alcanzar logros de reconocimiento de parte del gobierno español.

Cuando se fue a retirar renunciando al cargo, los miembros del Concejo Municipal, institución antecesora de la Asamblea y la Legislatura Municipal, en justo aprecio por su servicio público y carácter, acordaron una ordenanza designando la Plaza Pública de Vega Baja con su nombre. Así consta en la ordenanza municipal de referencia.

En aquel tiempo no había impedimento ni ninguna disposición legal de que aunque fuera en su beneficio político o personal, pudiera autorizar la misma, por lo que procedió a firmarla como era el trámite usual de proyectos de resoluciones y ordenanzas, afirmando que ese era el deseo de los miembros del Concejo y que el no iría contra esa voluntad.

En nuestro tiempo, tal vez hubiera sido un escándalo y hasta un acto de corrupción el autoelogio o autobombo, pero aun sigue la Plaza Pública con su nombre, más de un centenar de años desde aquel acontecimiento y nadie cuestionó su acción ni el merecimiento de que la plaza pública principal de Vega Baja, honrara su vida utilizando un medio público del cual tenía control político.

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