
Por María Dávila
Eva Román Vargas, reseña de una mujer emprendedora, con fortaleza y visión
Eva Román Vargas nació el 22 de noviembre de 1914 en el pueblo de Isabela. Fue inscrita con el nombre de Evarista Román Vargas. Sus padres y los nueve hermanos se mudaron al pueblo de Vega Baja a comienzos de los años veinte. Siempre fue muy inteligente y la brincaron de grado en dos ocasiones. Cambió su nombre de pila al de Eva a mediados de los años cincuenta.
Estudió confección de cabello y recorte femenino (peluquera) en la década del cuarenta. Al poco tiempo, alrededor de finales de los años cuarenta, establece su “Salón de Belleza” en el Edificio de La Mueblería El Encanto en la calle principal Betances de entrada al pueblo de Vega Baja. Para 1953 mueve su “Salón de Belleza” a frente a la Plaza entre la Fotografía de Jimmy y la Ferretería “La Principal”, localizada al lado del Teatro América (Calle José Julián Acosta). Comienza a aceptar estudiantes de peluquería para que practiquen y ser evaluados por ella. Esta práctica es muy común hoy día, pero en aquel tiempo la hacía pionera de ello.
Mientras mantenía su “Salón de Belleza”, diversificó su oferta al público al vender como detallista juguetes en las navidades y luego continuó vendiendo dulces y prendas. Esto lo hacía utilizando una vitrina que adquirió en segundas manos y que ella misma reparó y pintó. Para la adquisición de los productos para su venta visitó “Suarez Toy House” en la calle San Francisco, del Viejo San Juan y sin fiador o respaldo alguno obtuvo una línea de crédito para la adquisición de los productos.
Para 1956 adquiere la concesión de venta de mantecados “Taste & Freeze” que estaba funcionando del otro lado de la Plaza por un corto tiempo. Lo mueve al local donde estuvo el “Salón de Belleza”.
Al año siguiente sin colateral o respaldo de firmas de garantía, solicita y consigue aprobación de un préstamo para mejoras a la planta física y equipo del la Administración de Pequeños Negocios (Small Business Administration). Supo vender su idea en cuanto a cómo visualizaba su negocio y cómo expandir. El negocio quedó muy remozado. Todos los utensilios y envases eran en acero inoxidable. Este detalle la volvía a convertir en innovadora. Se diversificó con tostadora para sándwiches, y máquina para “hot dogs”. Por primera vez que se envasa y se vende mantecado congelado en diferentes envases y tamaños (al menos en Vega Baja).
Es la primera vez que vi un prototipo del micro ondas para “hamburguesas” ya pre-preparadas. Se confeccionaba la mezcla del mantecado a diario, al igual que los aderezos de piña y fresas. El mantecado era de vainilla y los miércoles de chocolate. Durante los veranos de 1959 y 1960 improvisa un comedor para proveer almuerzo para maestros que durante el verano tomaban clases de educación continuada usando las instalaciones de la escuela superior.
Se confeccionaban unas combinaciones utilizando los productos que se vendían en el “Taste Freeze”. Refrescos, papas fritas, “hot dogs”, hamburguesas, sándwiches, batidas. Aunque no lo llamaban así, eso es un “combo” de los restaurantes de comida rápida de hoy día. Para finales del 1962 se vende el negocio de mantecados.
Al comenzar el 1963 consigue los diseños para la confección de cojines decorativos. Estos cojines se elaboraban de estilo circular y cilíndrico. Se hacían en telas de brillo en todos los colores. La persona los encargaba y escogía los colores y estilo según sus muebles, cortinas o corchas. Los encargaban para la sala o cuarto dormitorio. La comenzaron a visitar decoradores del área metropolitana para hacer pedidos. Llegó a tener más de un mes en pedidos en espera.
La demanda fue tan grande que sus hermanas Isabel y Carmen comenzaron a hacer cojines junto a ella. Ya para 1964 se había saturado el mercado local. Todo Vega Baja y pueblos limítrofes tenían cojines. Bajó demasiado la demanda por los cojines y dejó de ser costo efectivo el hacerlos.
En junio de 1963 toda la familia se muda a la entonces nueva Urbanización Villa Real en Vega Baja. Para el 1964 se establece La Farmacia Villa Real en la Marginal de dicha Urbanización.
Eva entra a trabajar despachando todo lo que no es recetado. Pronto la pasan a ser la cajera de la Farmacia. Aprendió a leer lo que los médicos escribían en las recetas. No fueron pocas las veces que los farmacéuticos le preguntaban que había escrito el médico en la receta.
Para comienzos de los años 70’s comenzó a sentir el desgaste físico de todo su esfuerzo de trabajo. Renunció al trabajo de la Farmacia para mediados del 1972, luego de una operación.
Mucho le afectó el hecho que cuando estaba sin ayuda en el negocio de mantecados ella sola levantaba los garrafones de cerca de diez libras de peso de la mezcla para elaborar el mantecado que se cernía en otro garrafón Luego se alimentaba la máquina de elaborar el mantecado con un envase equivalente a un galón. Al comenzar el día se alimentaba la máquina con cinco galones.
Luego en el día, según las ventas, se alimentaba la máquina con un galón de mezcla según se iba vaciando. Todo esto lo llevaba a cabo Eva, si no tenía ayuda. Siempre fue complicado el conseguir ayudantes. A estos las resultaba difícil seguir órdenes de una mujer y por ello duraban poco en el trabajo. También le afectó el haber estado envuelta en un accidente de tránsito que causó unos espasmos en su espalda que la acompañaron el resto de su vida.
Desde 1973 en adelante no trabajó más fuera de la casa. Se dedicó, junto a su hermana Isabel, al cuido de las cinco niñas de la casa. Hizo suya la tarea del lavado secado y doblado de ropa. Las tandas de ropa eran grandes al haber nueve personas en el hogar. Esta labor la hacía con esmero todos los días.
Muere el 13 de abril de 2000 en el Hogar para personas de la tercera edad en el Sector Ojo de Agua de Vega Baja. Sus restos descansan en el Panteón Familiar, Familia Román Vargas del Cementerio Municipal de Vega Baja.
