
El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 60 fue hace unos días y no había querido opinar formalmente hasta ahora.
Quise dejar pasar un tiempo, botar el ‘hype’ del momento y toda la algarabía que generó la soberana presentación de nuestro vegabajeño Benito Antonio Martínez Ocasio, para hablar en frío de la memorable ocasión, del histórico momento.
Puerto Rico ha sido presentado ante el mundo en múltiples ocasiones y de formas diferentes, tanto en la música, el deporte, la actuación e incluso en el empresarismo.
Pero las 8:30 de la noche del domingo 8 de febrero de 2026 serán recordadas por la eternidad.
Benito, a quien el mundo entero conoce como ‘Bad Bunny’, aprovechó esa oportunidad que se le concede solamente a artistas elites, como lo han sido en el pasado Michael Jackson, Madonna, Jennifer López y muchos otros, para hacer lo que más le apasiona: romper esquemas.
Cantando completamente en español, algo jamás antes visto en este espectáculo, y en medio del tenso momento que vive la nación norteamericana por el estilo de presidencia adoptado por el magnate Donald J. Trump, quien fue el primero en boicotear la presentación del boricua en medio de sus persecuciones contra inmigrantes en los Estados Unidos, Bad Bunny le mostró al mundo el poderoso sentimiento de ser puertorriqueño y latino en un show repleto de significados y significantes.
El boricua llegó al Levi’s Stadium de Santa Clara, California, y allí abrió con primeros acordes desde un cañaveral, rodeado de trabajadores de la caña, tal y como era en el Vega Baja y en el Puerto Rico de principios de siglo pasado.
Razón por la que nuestra vega es conocida como la ‘Ciudad del Melao Melado’. El hombre de la caña fue ese trabajador fuerte, incansable, al que Benito arrancó rindiéndole tributo, agregándole maravillosas pinceladas que enaltecen nuestra cultura, como lo es el deporte de los guantes, donde nuestro doble campeón mundial de las 154 libras, Xander Zayas, tuvo su participación; así como una partida de dominó, una sabrosa piragua con syrup de rojo frambuesa, el mismo rojo de nuestra bandera, seguido de una fiesta en la que incluyó la mítica casita de su residencia en donde le esperaban varios amigos de la música.
Del cañaveral, a la casita y de la casita, al negocio de Toñita en Nueva York y de allí pasó a tremendo fiestón en una plaza improvisada con una llamativa garita, en donde se presenció una boda real, en donde firmó los papeles como testigo y le dio paso a la presentación de unas de las estrellas mas sensacionales del mundo musical, Lady Gaga, quien ataviada de un traje azul -bandera boricua- y una flor de Maga, interpretó en salsa una melodía de Bruno Mars, artista que lleva sangre puertorriqueña en sus venas.
Gaga fue magistral y gran toping del pastel, que estaba por recibir una cereza especial: Ricky Martin, el astro boricua, acompañado del cuatrista José Eduardo Santana, interpretando “Lo que le pasó a Hawai”, una melodía que en sí es una crítica a lo que es hoy esa isla del Pacífico y que es el estado número 50 de los Estados Unidos.
Martin, sentado en el simulado cañaveral, tuvo allí la aportación de su vida, más allá de cualquier residencia en Las Vegas o concierto en algún especial lugar del mundo. El exmenudo, hecho astro de la canción, dejó su alma en sus pocos minutos en los que acompañó al Bunny.
Benito hizo eco de la resiliencia de los puertorriqueños al sonar el tema del ‘Apagón’ y llevar al escenario cuatro postes de energía, en donde escaló uno de ellos para continuar su presentación. Solo aquellos que se ilustran, leen y conocen de cultura, pudieron identificar el significado de ese momento.
Su mensaje de cierre, en el que instó a “creer en uno mismo”, a “creer en que los sueños se pueden hacer realidad”, en que la verdadera forma de hacer un mundo mejor no es mediante “el odio”, sino “el amor”, mientras era perseguido por decenas de bailarines y las banderas de toda Latinoamérica con ‘La Monoestrellada’ como el centro de todas, fue el atrevimiento más hermoso, digno y honroso en medio de la tragedia y persecución que se vive hoy en la llamada ‘Gran Nación’.
Fue un espectáculo sin precedentes, incluso para aquellos que, como yo, no somos unos fanáticos de sus líricas, pero tenemos el deber de reconocer que Benito, aun no siendo un cantante curtido, inmaculado, como muchos, ha puesto el corazón, el deseo y la pasión, y ha trascendido. Ha tenido un equipo de trabajo que se ha encargado de elevar cada detalle al máximo y a un nivel de excelencia.
La impecable producción tuvo muchísimas manos puertorriqueñas en diferentes renglones durante estos vibrantes 13 minutos, que se encargaron de eclipsar la batalla entre los eventuales campeones Seahawks de Seattle y los Patriots de Nueva Inglaterra.
El tema de las audiencias será uno de mucha especulación, pese a los números presentados por la encuestadora Nielsen, que el martes publicó que el show de Benito fue el cuarto más visto de todos los tiempos con 128.2 millones de espectadores, lo que contrastaba con las cifras iniciales que lo ponían como el número uno con 134.5 millones de vistas.
Pero lo de Nielsen, y luego las expresiones de un presidente Trump, que fue cachado viendo el medio tiempo del Super Bowl y no el llamado “All American Half Time” de Kid Rock, del que nadie habló, pues no sorprenden.
Pues sepa usted que Paul Singer (Elliott Investment Management), uno de los líderes de este consorcio, Nielsen, adquirido curiosamente para el 2022, es uno de los donantes más influyentes y prolíficos del Partido Republicano en Estados Unidos.
En el ciclo electoral de 2024, Singer donó millones de dólares a comités de acción política (Super PACs) republicanos, incluyendo $25 millones al Senate Leadership Fund y $5 millones al principal Super PAC de Donald Trump, Make America Great Again Inc.
Así que, aunque los números pudieron haber sufrido alguna alteración en el camino en un intento de tratar de quitarle el brillo que el mundo entero le ha dado al nuestro, desde un polo al otro; sin este ser un Michael Jackson o una Madonna, su presentación eclipsó todo, se robó los reflectores y demostró una vez más que todo lo que se haga con amor y con el corazón supera el más grande de los odios.
Lució grande, fue grande e incrementó una vez más su identidad. Sin miedo, con orgullo y tesón.
Su nombre sigue siendo Benito Antonio Martínez Ocasio. Del barrio Almirante Sur de Vega Baja, para el mundo.
