Diosdado Cano Rodríguez pasa por la transición

Con la primera presidenta de la Legislatura Municipal de Vega Baja

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Anoche estuve en el cuarto 301-A del Hospital Doctor’s Center de Manatí a visitar por última vez a mi amigo Diosdado Cano. Comparado con la última vez que nos habíamos encontrado en su más reciente Hogar Las Colinas de Manatí, lo encontré mas delgado, como cuando lo conocí de niño en la Calle Acosta de Vega Baja. Lo dejé cuando terminó el tiempo de visita, sin que pudiera conversar con él. Comoquiera le hablé, como hice cuando visité a Joe el abogado y a Don Julio Meléndez, porque dentro de la inconsciencia aparente hay un alma viva que nunca muere y las palabras de aprecio siempre son bienvenidas.

Hace unos minutos la amiga Mabel Román Alvarado, madre de sus dos hijos, me informó que falleció a medianoche. Conforme a sus deseos, será cremado su cuerpo.

Diosdado fue mi amigo por más de medio siglo. Estudiamos juntos, fundamos una fraternidad local (Rho Alpha Chi), compartimos labor periodística y viajamos a muchos lugares, donde el hacía de planificador, pues sabía de detalles de los destinos con anticipación. Fundamos y trabajamos en varias entidades culturales y pertenecíamos a un grupo de buenos ciudadanos que aprendimos que las fracciones no hacen el todo para ser parte del vegabajeñismo, al que luchamos con devoción.

Desde jóven, trabajó para ayudar a su familia. Con el dinero que ganaba en una cementera, había adquirido dos automóviles, uno de los cuales siempre se quedaba en su casa para poder llevar a su hermana impedida al hospital en caso de que le sobreviniera un ataque de epilepsia. Huérfano de padre, era el hombre de la casa y cuidador de su madre y hermana hasta su fallecimiento.

Cuando fue a la escuela por primera vez, tenía rezago de aprendizaje por lo que lo bajaron de grado. Luego hizo un buen trabajo escolar y consiguió admisión para estudiar como maestro de historia en la Universidad de Puerto Rico, donde logró también maestrías en administración pública y pedagogía, fungiendo como asistente del Superintendente y finalmente Director Escolar, de lo que se retiró.

Procreó dos hijos, Onix Manuel y Rina, pero ayudó a muchos niños y jóvenes con oportunidades de trabajo y de aceptación social. Conozco a varios maestros, directores escolares, gerentes del comercio y otras personas que agradecen sus buenos consejos y ayuda por haberse encaminado correctamente en la vida por Diosdado Cano Rodríguez. Hasta otros países como Cuba y Nicaragua se extendió su generosidad. De hecho, el infarto que le dió en Nicaragua lo incapacitó para caminar y tuve que buscarlo en un vuelo especial de ida y vuelta para ingresarlo en Puerto Rico a un hospital de Carolina. De ahí, su hogar hasta su fallecimiento fue en Las Colinas, barrio San José en Manatí, donde sus amigos, incluyendo al alcalde Marcos Cruz y el ex-alcalde Luis Meléndez Cano, lo visitaron.

Tenía una hermana de padre en un pueblo de la isla que cuando el la visitaba, hablaban de los familiares que quedaban vivos, hasta que solo se quedaron ellos dos. Su apellido Cano no parece estar entrelazada con la familia Cano de Vega Baja. Su relación con Vega Baja viene por su abuelo Baudilio Rodríguez, «Nené», quien era un comisario de barrio y cirujano menor en la Central San Vicente. Un sector de Algarrobo lleva su nombre, Haciendas Baudilio.

Diosdado escribió varios libros en los que publicó muy poco de su extensa producción literaria. Otras aportaciones aparecen en el Diario Vegabajeño de Puerto Rico, en la Enciclopedia Vegabajeña y publicaciones del Gobierno Municipal de Vega Baja.

Anoche fui prevenido de que su transición se acercaba. De ese momento habíamos hablado toda la vida, desde jóvenes. Se por sus parientes que dejó instrucciones para la disposición de la materia, por lo que eligió el método de dispersión de elementos que también escogió para sus familiares cercanos, de los que era responsable.

A Vega Baja

Por Diosdado Cano Rodríguez*

Te miro de lejos, tu panorama prístino en mi recuerdo.

Alegoría de lo complejo y lo sencillo envejecido.

Personajes ilustres con los demás entrecogidos,

dando forma a tu singularidad, gente y tierra encuerdo.

De tanto oír allí, hazañas sencillas y cuentos, concuerdo.

Mi pueblo es acervo de esperanzas insoslayables,

que nos hace solido castillo y fortaleza inexpugnable.

Tesoro de cultura que mi villa esconde en cofres dorados

bajo un torreón de piedra ígnea, por todos resguardado.

De historia social única señera e irremplazable.

*

DCR. 2/ IV/ 2014.

Un comentario

  1. Yo conocí a Diosdado a finales de los años 70. Siempre fue buen amigo y fue quien me enseñó el camino a ser un hombre adulto y responsable. Tuve la oportunidad de compartir con el en Miami después del huracán María y luego cuando regresó a P.R., antes de su viaje a Nicaragua. Diosdado siempre estará vivo en mis recuerdos.

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