60 segundos para meditar: Escuchar define a un buen político

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Las filosofías espirituales que he estudiado se basan en escuchar. Escuchar lo que otros dicen, a nuestro cuerpo, a la naturaleza y a Dios. Solo entonces podemos expresarnos en armonía con el resto de todo.

Los políticos nuevos alegan que tienen «su oído en tierra» y que estan muy atentos a lo que le digan los ciudadanos y aunque las candidaturas son voluntarias, a veces dicen que el «pueblo se lo pidió». Eso puede ser cierto de algunos constituyentes que alientan a los candidatos a tomar la decisión de postularse pero la aspiración siempre nace cuando la idea se forja en el candidato. Pero en lo que después ocurre, hay algo de narcicismo, vanidad al creer que se puede estar por encima de otros, sea previsiblemente cierto o falso. De hecho, las campañas políticas se convierten en pura echonería donde cada candidato se presenta como la «mejor alternativa».

Detrás de cada político hay un ser humano. Y en esa persona hay un alma y un cuerpo que piensa y actúa a base de lo que sabe en el momento en que comienzan los retos. Generalmente actúa con lo que sabe, pero algunos anteponen lo que aprende con lo que algunos llaman «la calle», que es el conocimiento de los ciudadanos de todos los niveles sociales que viven y sufren los acontecimientos y su relación con el gobierno de turno. Para saber de «la calle», hay que saber escuchar al que directamente te cuenta sus retos personales y al que te cuenta lo que cree de lo que dicen los otros. También, los medios, con tanta opinión diversa, influyen en las decisiones que eventualmente tomará el político.

Escuchar es un medio de conocer las cosas con toda la pasión humana que a veces son racionales, pero a veces no se pueden entender. Un político hábil, desenreda, pues le conviene saberlo todo.

Los políticos, si quieren servir al pueblo de una manera efectiva, tienen que escuchar, porque todo mundo imaginario se puede convertir en realidad con el dinero del pueblo. Este solo se invertirá adecuadamente si quitamos de la ecuación las ideas que nacen en los escritorios con el fin de impresionar al electorado o con la asesoría de los intereses de quienes constuyen las obras. Y sobre todo, debe tener cuidado de no mezclar sus afiliaciones familiares, políticas o religiosas con su ministerio.

El ejercicio que menos cuesta y que no tiene que esperar encuestas manipuladas o incorrectas es el de escuchar. Es un recurso espiritual y material finalmente determinante si un político es favorecido o eliminado, reelegido, perseguido o condenado. El político que se aísla, es fácilmente detectado cuando busca la confianza del pueblo, pues la lealtad tiene que ser en doble vía. Y el político no puede arriesgarse a perder la confianza de su electorado.

Un comentario

  1. La frase «tengo el oído puesto en tierra», para mí tiene el mismo significado que «vamos a bregar con esto o aquello», no haremos nada…, nubes secas que cruzan la expiación dejando desilusión y destrucción, las cuales algunos dibujan y retratan como plausibles, pero que no dejan nada de provecho al pasar.

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