
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Como he divulgado desde anoche, de un teléfono identificado como José Pabonvega fui intimidado por una llamada telefónica de alguien que se identificó como Sra. Elisa Pabón junto a su alegado esposo quien se identificó a su vez como Melvin Feliciano, Sargento de FURA. Ambos resienten mi escrito publicado minutos antes en el Diario Vegabajeño de Puerto Rico, bajo mi firma y total responsabilidad.
Voy a explicarles el proceso cuidadoso en que elaboré y escribí ese artículo de prensa informativo y de opinión, para que puedan entender algunas cosas que uno hace por costumbre. Escribo públicamente desde 1971. Comencé bajo el tema de la historia en publicaciones oficiales municipales cuando el alcalde era Rafael Cano Llovio, a su invitación. Pensé estudiar periodismo para seguir la línea de la familia Rosario y fui admitido a la entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de Puerto Rico luego de mi bachillerato en historia, para estudiar una maestría, pero en corto tiempo cambié mi derrotero por la carrera en derecho. Comoquiera continué colaborando en distintas publicaciones como historiador y como persona opinante de distintos temas.
Cada escrito requiere una preparación previa. No puedo evitar mi pasión cuando el tema es vegabajeño, pero cuando se trata de un rumor o noticia sin confirmar, así lo expreso. Lo que escribo es cierto y si hay errores, los corrijo. Mis opiniones pueden ser compartidas o disentidas por mis lectores, pero nunca mal intencionadas y siempre fundamentadas. En muchas ocasiones han dicho que es imposible lo que digo hasta que lo ven informado por otros medios o en un escrito siguiente.
Para escribir sobre las actuaciones de la dama en cuestión y que aparecen en el artículo de referencia, fui recibiendo día a día, queja tras queja, hasta que se tomó acción afirmativa. Me enviaron documentos, fotografías, un vídeo y una lista de testigos debidamente autenticados que estudié. Luego hice mi propia investigación con personas que conocen a la dama porque han trabajado o trabajan con ella en menesteres políticos dentro y fuera de su partido y que conocen también de su relación con el liderato, especialmente con la legisladora municipal que aspira a presidir el cuerpo y con Marcos Cruz Molina.
Como en el caso de Calero, descubrí que son muchas las instancias anteriores en que se le relaciona con actividades similares de desorden social. De hecho, luego del incidente de anoche, mi teléfono no ha parado de recibir información adicional y mi inbox está lleno de mensajes solidarios, de personas de su propio partido que dan testimonio de otras incidencias desafortunadas previas.
Entiendo que al anunciar que estaba acompañada de un Sargento de FURA de la Policía de Puerto Rico, que era su esposo, quiso reforzar su planteamiento intimidatorio de que yo le había difamado. Al varón lo escuché y le hablé, le pedí su nombre y me dijo que se llamaba Melvin Feliciano. Independientemente de su relación con ella, no debió involucrarse y menos identificarse como un agente de ley y de orden. Creo que no sé quien es ni le deseo mal, pero participar de un acto como ese no es permitido dentro del cuerpo al que pertenece.
En los casos de difamación o libelo, la defensa es decir la verdad. Para que su verdad sea creíble, no bastará con mostrar mis palabras escritas, sino que Elisa Pabón tiene que establecer que lo que escribí es falso. En el derecho penal, el estado tiene que hacerlo más allá de duda razonable; en el civil por preponderancia de prueba y en el administrativo, de acuerdo a las reglas y acciones que haga el Partido Popular con las quejas presentadas.
Ella sostiene que no es una figura pública y ciertamente no es Yolandita Monje, pero el criterio legal para esa definición de figura pública depende de en lo que ella se desempeña. Y si realiza actos públicos perjudiciales en sitios públicos, pierde el grado de privacidad que reclama. Cuando los actos son presenciados por testigos, mucho menos está protegida por ninguna ley o jurisprudencia. Eso es lo que se conoce como el estado de derecho.
Yo me preparé para escribir ese artículo. Lo escrito se basamenta en documentos, fotos y testimonios parte de los cuales ya han sido sometidos y registrados en la oficina de gobierno que corresponde con una súplica de la parte querellante contra su posición como Comisionada Electoral. No puedo hacerme responsable del mal que hizo en las tres ocasiones que cité. Pero tengo más información después que lo publiqué que divulgaré en su momento, no en el momento de ella ni de su alegado esposo, sino en el momento que sea pertinente.
En nuestro sistema no existe la censura previa. Y eso es válido para toda expresión libre, desde el Washington Post hasta el Diario Vegabajeño de Puerto Rico. Desde 2005 escribí sobre la corrupción en el gobierno municipal que ayudé a formar. Seis años después, los que me censuraban aun dentro y fuera de mi partido político de entonces, salieron convictos.
En el asunto de la Casona, una legisladora municipal que fue parte de las hordas que me censuraron en aquel tiempo por decir la verdad, que siempre los apoyó con su voto en las resoluciones y ordenanzas, admitió que había que demoler la estructura, en un giro de 180 grados. Y como usted, me trataron de intimidar con la policía, fiscales y tribunales. A todos acudí cuando fue necesario y nunca mi trabajo periodístico ha sido maculado por el dinero, la presión sicológica o política ni influenciado por mis creencias sobre lo que es cierto. Yo digo lo que tengo que decir en el tiempo en que lo tengo que decir. Así, que todo a su tiempo.
No he hecho nada malo. No violé ninguna ley al escribir pero no me importaría violar una ley si fuera injusta. La dama que no se portó bien, ahora reclama derechos que no tiene. Por mi no se preocupen. Como dijo De Diego en su poema A Laura, «tengo, a fuerza de correr los mares, la frente acostumbrada a la tormenta».
La verdad es mi defensa.
