
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La gente quiere el mejor ambiente y yo también. Y el mejor ambiente se puede lograr poniéndonos de acuerdo en lo que queremos para Vega Baja respecto a nuestra costa norte. Digo costa norte porque los problemas de la desembocadura de Cibuco y la Playa Puerto Nuevo parecen muchos dentro de los que tenemos que resolver, pero no lo son, hay mas.
No quiero complicar la cosa, quiero que la entendamos.
Nuestra costa norte va desde la parte norte del barrio Cibuco, pasando por el barrio Puerto Nuevo y terminando en el barrio Yeguada, pero hay colindancias con Vega Alta y Manatí en los extremos este y oeste que también nos deben importar y tener vigilia continua por lo que allí suceda. Al norte del norte tenemos el Océano Atlántico, ese inmenso cuerpo de agua que corre de norte a sur y este a oeste terminando en los continentes, con una inmensa cantidad de flora, fauna y uso humano.
A ese primer factor que baña nuestras playas y orillas no lo podemos controlar porque son los procesos naturales los que controlan su energía y contenido. No podremos evitar los maremotos, pero tenemos un plan de emergencia para salvar nuestras vidas que la presente administración creó luego de varios intentos fallidos . No podremos evitar las marejadas pues ellas vienen de vez en cuando para renovarlo todo. Tampoco podremos evitar los fenómenos atmosféricos marinos como las tormentas y trombas marinas.
A ese primer factor se le suma la presencia de la fauna y la flora marina, que permite detectar una vida continua que si la cuidamos, nos va a superar en vida para darle vida a otros. El ser humano trata de reglamentarlo y hasta de sancionarlo pero la ausencia de suficiente vigilancia permite la transgresión sin retorno. Tal es el resultado de la muerte de tortugas reciente y los daños a nuestros arrecifes de coral.
Un tercer factor es el ser humano. Con sus excesos, causa daño a todo. Pero la esperanza de que es educable y el ser un animal de costumbres nos hace posible señalarle los caminos a recorrer mediante ideas buenas y prácticas.
¿A donde voy con esta introducción? Precisamente a que para resolver los problemas de la costa debemos comenzar desde el principio, a valorar nuestra costa. De acuerdo a la Biblia, los mares fueron primeros que el ser humano.
En Génesis está el siguiente relato, que algunos opinan que es simbólico, pero tiene mucha lógica científica y significado espiritual: «Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno».
El primer paso para la paz costera con acciones afirmativas de reconocimiento, respeto para proveer espacio a la naturaleza nunca se ha dado en Vega Baja. Hemos ido de reglamentación en reglamentación cuando lo que falta es despensar lo que ya hemos pensado y pensar con nuevas ideas. Nos hemos enfocado en la Playa Puerto Nuevo y quizás en la desembocadura de Cibuco, pero hay otros problemas en la periferia de la costa que podemos identificar e internalizar.
Mi sugerencia es comenzar con unas guías de actuación ejecutiva, de legislación municipal y de persuación a los gobiernos estatal y federal para que se respete y se cuide nuestra costa norte, la costa vegabajeña. El principio tiene que ser respetar a Dios y su bella creación. La fauna, la flora, el agua ni la arena es nuestra, la tenemos por privilegio que nos la pusieron en este lugar para cuidarla y darle continuidad.
Luego nuestra meta colectiva debe ser dejar respirar ese lugar bendito. Reglamentar todo lo que podamos para evitar su daño y dejar atrás la fiesta, el jolgorio y las parcelas individuales para el primero que llegue en la mañana o al comerciante que espera para ocupar un espacio para rentar a otros.
Hay mucho más, pero hacer falta una vista de tope, mirar desde la perspectiva del todo, como lo hace Dios y actuar de acuerdo a como la naturaleza nos lo está reclamando.
